La inflación estadounidense ha vuelto a subir esta tarde, en línea con lo que esperaban los economistas. Al mismo tiempo, la economía ha crecido más de lo previsto, aunque los mercados financieros apenas han reaccionado. Estas son las claves de los datos.

La inflación de Estados Unidos sube al 3,6%

El índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), la medida de inflación preferida de la Reserva Federal (Fed), cumplió las previsiones en todos sus componentes. Los precios subieron un 3,6% interanual, 0,2 puntos porcentuales más que el mes anterior.

La inflación subyacente, que excluye los precios más volátiles de los alimentos y la energía, también subió del 3,0% al 3,1%. En términos mensuales, acumula dos meses consecutivos con un avance del 0,3%.

Tabla del índice de precios PCE de septiembre de 2026: un 0,5 por ciento mensual y un 3,6 por ciento interanual; el PCE subyacente se sitúa en el 0,3 y el 3,1 por ciento, respectivamente.

La diferencia entre ambos indicadores se explica sobre todo por los carburantes. En el índice de precios al consumo (IPC), más conocido, la gasolina se encareció en septiembre un 9,1% respecto a agosto, debido al elevado precio del petróleo desde los ataques contra Irán.

El dato no sorprende, pero tampoco tranquiliza. La inflación sigue muy por encima del objetivo del 2% de la Fed y vuelve a repuntar.

Ayer el presidente de la Fed, Kevin Warsh, insistió en que la inflación debe volver al 2% en cualquier caso. No obstante, señaló avances y citó los contratos de permuta de inflación, que permiten a los inversores protegerse frente a futuras subidas de los precios.

Los datos también revelan otro motivo de preocupación. Los estadounidenses gastaron un 0,5% más en septiembre, pero, una vez descontada la inflación, el volumen de sus compras apenas aumentó.

Ese gasto se financia en parte con los ahorros: la tasa de ahorro, la proporción de los ingresos que se reserva, cayó del 4,1% al 3,8%.

El panorama no es cómodo para la Fed. Antes de la publicación de los datos, el mercado ya asignaba una probabilidad superior al 80% a una subida de tipos el 9 de diciembre, y las cifras ofrecen pocos motivos para revisar esa previsión.

Mientras tanto, la economía mantiene su fortaleza: creció a un ritmo anualizado del 3,4% en el tercer trimestre, por encima de lo previsto y del 2,2% registrado en el trimestre anterior.

Es una buena noticia para los beneficios empresariales, pero tampoco da a la Fed muchos motivos para relajar su política monetaria.

Bitcoin (BTC), Wall Street y el oro apenas reaccionan por ahora a los nuevos datos.

La segunda subida de la energía se refleja en la inflación

Justo antes de la guerra con Irán, la inflación medida por el PCE se situaba en el 2,8%. Tras los ataques de finales de febrero, el estrecho de Ormuz quedó prácticamente cerrado y el precio del petróleo se disparó. En mayo, la inflación alcanzó un máximo del 3,8%.

Después, el petróleo se abarató y la inflación descendió hasta el 3,4% en verano. Desde agosto, el crudo vuelve a subir tras la ruptura del alto el fuego y los ataques contra petroleros. Esta segunda oleada de encarecimiento se aprecia ahora con claridad por primera vez en los datos.

Durante todo ese periodo, la inflación subyacente se mantuvo notablemente estable, en torno al 3%. El encarecimiento de la energía sí repercutió en el transporte y en los precios de producción, pero hasta ahora apenas se había reflejado en la inflación subyacente. Con el avance hasta el 3,1%, este indicador también empieza a repuntar.

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