El mercado francés de deuda atraviesa fuertes tensiones, pero, según el gobernador del banco central, Emmanuel Moulin, por ahora no es necesaria una intervención del BCE.

La rentabilidad del bono francés a diez años volvió a subir el miércoles hasta situarse en torno al 4,87 por ciento. Al mismo tiempo, el diferencial frente a la deuda pública alemana ronda los 1,4 puntos porcentuales, tras superar brevemente los 1,5 puntos la semana pasada. Son niveles que apenas se habían visto desde la crisis del euro.

Moulin sitúa el origen del problema en Francia

Según Moulin, no corresponde al BCE resolver los problemas presupuestarios de Francia. La prioridad del banco central es garantizar la estabilidad de precios. Por tanto, Francia tendrá que sanear sus cuentas públicas por sus propios medios.

El Gobierno francés quiere reducir el déficit público de aproximadamente el 5,4 por ciento del PIB en 2026 al 5 por ciento en 2027. La incertidumbre sobre la viabilidad de ese objetivo lleva a los inversores a exigir una mayor rentabilidad.

Moulin ya había advertido de que Francia podría acabar asfixiada por el coste de los intereses si no aborda sus problemas presupuestarios.

Aumenta la tensión política

La presión sobre los tipos de interés cobra además un peso cada vez mayor de cara a las elecciones presidenciales francesas de 2027. Marine Le Pen ha defendido abrir conversaciones sobre un posible apoyo del BCE una vez que mejore la situación presupuestaria de Francia.

Jean-Luc Mélenchon, en cambio, apuesta por soluciones mucho más radicales y ha planteado, entre otras medidas, cancelar parte de la deuda pública francesa. También criticó duramente a Moulin por sus advertencias sobre las finanzas públicas del país.

Por qué importa para Europa

Por ahora, las tensiones en Francia parecen manejables. Sin embargo, el país acumula ya unos 3,5 billones de euros de deuda pública y la rentabilidad de sus bonos se acerca al 5 por ciento. Esto eleva rápidamente el coste de los intereses.

El verdadero umbral para una intervención probablemente sea el riesgo de contagio. Si la oleada de ventas se extiende a otros grandes mercados europeos de deuda y empieza a alterar el funcionamiento del sistema financiero, la presión sobre el BCE puede aumentar rápidamente.

Por ahora, el BCE sostiene que no es necesario ningún rescate. Pero cuanto más tiempo se mantenga la rentabilidad de la deuda francesa en estos niveles, más difícil será sostener esa postura.

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