Wall Street intenta recuperarse este viernes de una fuerte oleada de ventas. Los futuros del S&P 500 se mantenían prácticamente sin cambios, mientras que los del Nasdaq 100 cedían un 0,12%. Los futuros del Dow subían unos 41 puntos.
El movimiento llega tras una sesión dolorosa. El Dow Jones perdió el jueves más de 500 puntos y encadenó así su quinta caída en seis sesiones. El S&P 500 retrocedió un 1,2% y el Nasdaq llegó a caer un 2,2%.
Dos factores pesaron especialmente sobre el mercado: un nuevo salto del precio del petróleo y los resultados decepcionantes de Alphabet y Tesla.

El Brent supera los 100 dólares
El precio del petróleo vuelve a ser el principal problema macroeconómico. El Brent subió el jueves alrededor de un 7% y superó por primera vez desde finales de mayo los 100 dólares por barril. El WTI avanzó cerca de un 6%.
El detonante inmediato fue el ataque a dos petroleros saudíes en el mar Rojo. Con ello, el conflicto en Oriente Medio se extiende de nuevo a rutas marítimas clave.
Eso es precisamente lo que temía el mercado. Hasta ahora, la atención se había centrado sobre todo en el estrecho de Ormuz, pero el mar Rojo vuelve ahora a ocupar un lugar destacado. Si varias rutas energéticas se ven presionadas al mismo tiempo, aumenta el riesgo de interrupciones en el suministro de petróleo.
Según LPL Financial, además, el mercado estaba mal posicionado para una nueva subida del crudo. Muchos inversores esperaban más bien una estabilización o una caída. Por eso, incluso un deterioro limitado de las perspectivas de oferta puede provocar una fuerte reacción en los precios.
El temor a la inflación vuelve al mercado
Un petróleo por encima de los 100 dólares cambia el cálculo para los bancos centrales. Las cifras más bajas de IPC e IPP habían dado a los inversores la esperanza de que la Reserva Federal no tuviera que mantener una postura tan restrictiva. Pero un nuevo choque energético puede poner rápidamente bajo presión esa expectativa.
Unos precios del petróleo más altos pueden avivar las expectativas de inflación. Eso afecta a los costes de transporte, los costes de producción, los precios al consumo y, en última instancia, también a la política de tipos.
Los rendimientos de la deuda estadounidense ya reaccionaron con fuerza el jueves. El viernes se estabilizaron durante la negociación asiática, aunque en niveles elevados. La rentabilidad a 10 años se situaba en torno al 4,70% y la de 30 años rondaba el 5,18%. No son niveles en los que las acciones de crecimiento con valoraciones exigentes respiren con facilidad.
El gasto en IA presiona el mercado de bonos
A esto se suma un segundo problema: la enorme necesidad de financiación ligada a la IA. Según Interactive Brokers, no solo el petróleo presiona el mercado de bonos. También la fuerte demanda de crédito necesaria para financiar centros de datos, chips e infraestructura de IA puede empujar al alza los tipos.
El mercado alcista de la IA no gira únicamente en torno al crecimiento de los ingresos. También depende de inversiones gigantescas. Si los grandes proveedores de nube siguen gastando cientos de miles de millones de dólares, ese capital tiene que salir de algún sitio.
En un entorno de precios del petróleo más altos y mayores expectativas de inflación, esto puede añadir presión sobre los tipos. Con ello, la factura de la IA se encarece cada vez más.
Alphabet y Tesla decepcionan
Los resultados trimestrales tampoco ayudaron. Tesla cayó casi un 15% tras presentar unas cifras del segundo trimestre por debajo de lo esperado. Fue su mayor descenso desde marzo de 2025. Alphabet perdió un 7% después de elevar sus previsiones de gasto de capital para este año. El mercado ve en ello una nueva prueba de que la carrera armamentística de la IA sigue siendo extremadamente cara.
Esto no es necesariamente una mala noticia para los fabricantes de chips y los proveedores de infraestructura. Un aumento de la inversión implica que la demanda de chips, centros de datos y capacidad en la nube sigue siendo sólida. Pero para los inversores en grandes proveedores tecnológicos, el asunto es más delicado.
El mercado no quiere ver solo más inversión. Quiere pruebas de que esas inversiones se traducen en mayores ingresos, márgenes y flujo de caja libre. En el caso de Alphabet, esas pruebas no parecieron lo bastante convincentes.

Asia se tiñe de rojo intenso
La presión vendedora no se limitó a Wall Street. En Asia, las bolsas cerraban el viernes con fuertes caídas. El Nikkei japonés perdió un 2,8%, mientras que el Kospi surcoreano retrocedió casi un 5%. El Kosdaq también sufrió duros golpes, con una caída cercana al 5%.

Esto demuestra que las preocupaciones por el petróleo, los tipos y la IA tienen repercusiones en todo el mundo. Corea del Sur es especialmente sensible, porque su mercado bursátil depende en gran medida de los chips, la tecnología y las exportaciones. Si los inversores dudan de la sostenibilidad del ciclo de la IA, un mercado así se ve castigado con especial dureza.
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