La próxima fase del mercado alcista de la IA quizá no venga impulsada por un chip revolucionario ni por unos resultados trimestrales inesperadamente sólidos. Las salidas a bolsa podrían convertirse en el próximo gran catalizador.

Según varias informaciones, Anthropic parece ser la primera en la lista y podría debutar en bolsa a mediados de octubre. OpenAI la seguiría a comienzos de 2027.

No serán OPV corrientes. Si las valoraciones se acercan a las cifras que se manejan actualmente, podríamos asistir a dos de las mayores salidas a bolsa tecnológicas de la historia.

Incluso los inversores que no tengan previsto comprar acciones de Anthropic u OpenAI deberían seguir de cerca esta etapa.

La IA necesita capital

La IA depende, en última instancia, de una cosa: capital. La próxima generación de modelos exige inversiones gigantescas en chips, centros de datos, infraestructura energética y capacidad de red. Hablamos de cientos de miles de millones de dólares.

Una salida a bolsa exitosa no solo aporta nuevos fondos propios. También probablemente facilitaría a empresas como Anthropic y OpenAI el acceso a financiación mediante deuda.

Según Financial Times, Goldman Sachs y Morgan Stanley ya estarían intentando convencer a las agencias de calificación para que otorguen a estas compañías una nota de grado de inversión tras su debut bursátil.

Sería un paso relevante. Con una calificación de ese tipo, los laboratorios de IA podrían acceder a menor coste al enorme mercado estadounidense de bonos corporativos.

El ciclo reflexivo de la IA

Ahí se forma un potente ciclo reflexivo. Los mejores modelos de IA alimentan el entusiasmo por esta tecnología. Ese entusiasmo sostiene valoraciones más elevadas. Las valoraciones más altas facilitan la captación de nuevo capital. Y ese capital financia más capacidad de cálculo.

A su vez, una mayor capacidad de cálculo permite desarrollar modelos más potentes. Justo en torno a esa ronda de financiación, Wall Street probablemente impulsará el relato de la IA con más fuerza que nunca. Bancos de inversión, gestoras, analistas, Nvidia, empresas de nube y los propios laboratorios de IA tienen todos interés en que la colocación sea un éxito.

De la IA a la AGI

El pasado fin de semana quizá vimos un anticipo. Tras la presentación del nuevo modelo Astra de OpenAI, el consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, afirmó que “la AGI ya ha llegado”. El presidente de OpenAI, Greg Brockman, también habló del inicio de la era de la AGI.

Que Astra sea realmente inteligencia artificial general está lejos de estar demostrado desde el punto de vista científico. Pero para los mercados financieros, esa distinción quizá importe menos a corto plazo.

El relato está pasando de “la IA mejora cada vez más” a “hemos alcanzado la AGI”. Si los inversores compran esa narrativa, resulta más fácil justificar valoraciones de cientos de miles de millones o incluso de billones de dólares.

No solo para OpenAI y Anthropic, sino también para Nvidia, Broadcom, los chips de memoria, los centros de datos, las compañías energéticas y otros proveedores.

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