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Elon Musk fue considerado durante años el empresario capaz de disipar casi cualquier duda con promesas de gran alcance. Pero, tras unos resultados trimestrales decepcionantes de Tesla y una fuerte caída en la cotización tanto de Tesla como de SpaceX, esa confianza parece estar por primera vez bajo una presión real.

Los inversores se preguntan cada vez con más insistencia si los ambiciosos planes de futuro de Musk siguen siendo suficientes para justificar las elevadísimas valoraciones de sus compañías.

Tesla sufre un duro golpe tras unos resultados decepcionantes

Tesla perdió el jueves cerca del quince por ciento de su valor bursátil después de presentar unos resultados trimestrales por debajo de lo esperado. El beneficio operativo quedó muy lejos de las previsiones de los analistas y la compañía registró por primera vez en dos años un flujo de caja negativo.

Lo llamativo es que la decepción no se limita a las cifras. Durante la presentación, Musk también rebajó las expectativas sobre varios proyectos que los inversores llevan años esperando. El despliegue del Robotaxi volvió a presentarse con menos ambición de la anunciada anteriormente. También el robot humanoide Optimus y el camión totalmente eléctrico tardarán más en llegar de lo que se había sugerido.

Según Gary Black, de Future Fund, los inversores están perdiendo la paciencia. A su juicio, observan cada vez más el mismo patrón: grandes anuncios que después no se materializan o lo hacen mucho más tarde.

SpaceX también pierde brillo

Tesla no es la única bajo presión. SpaceX también ha cedido buena parte de las ganancias acumuladas desde su salida a bolsa. La acción cotiza ya casi un cincuenta por ciento por debajo del máximo alcanzado poco después de su debut bursátil.

La preocupación aumentó después de que se aplazara de nuevo una nueva prueba de vuelo del cohete Starship. Precisamente ese sistema de lanzamiento debe convertirse en los próximos años en el principal motor de ingresos de SpaceX, entre otras cosas mediante el despliegue de una nueva generación de satélites Starlink.

A comienzos de agosto se suma además un riesgo adicional. Entonces vence el periodo de bloqueo posterior a la salida a bolsa, lo que permitirá negociar cientos de millones de acciones adicionales. Los inversores temen que los primeros accionistas e insiders aprovechen para recoger beneficios, lo que podría generar una presión vendedora añadida.

¿Está desapareciendo la ‘prima Musk’?

Durante años, los inversores estuvieron dispuestos a otorgar a Tesla y SpaceX valoraciones excepcionalmente elevadas. No tanto por sus beneficios actuales, sino por la confianza en que Musk sería capaz de crear una y otra vez mercados que apenas existían.

Esa estrategia funcionó muy bien en el pasado. Tesla se convirtió en un actor dominante en el coche eléctrico y SpaceX transformó la industria espacial con cohetes reutilizables. Pero el mercado parece ahora más exigente. Cada vez más inversores no quieren escuchar solo una visión ambiciosa, sino ver también resultados concretos.

Los analistas de Wall Street siguen siendo mayoritariamente positivos. Señalan que Tesla está invirtiendo de forma deliberada y agresiva en inteligencia artificial, vehículos autónomos y robots humanoides, lo que presiona temporalmente los beneficios. Aun así, la fuerte reacción bursátil muestra que la confianza ya no se da por descontada.

Para Musk, el reto no consiste solo en presentar nuevos planes. Los inversores quieren, sobre todo, pruebas de que los proyectos anunciados desde hace tiempo pueden hacerse realidad a gran escala. Solo entonces podrá recuperarse la confianza que durante años sostuvo las valoraciones de sus compañías.

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