La Bolsa brasileña afronta hoy una apertura difícil. Los inversores habían apostado masivamente por una victoria de la derecha, pero el presidente Lula se impuso ayer en las elecciones presidenciales. El mercado se prepara ahora para corregir de golpe ese error de cálculo, aunque el impacto es menor de lo que sugieren las primeras cifras.

Japón y Estados Unidos anticipan las caídas

Fuera de Brasil ya se aprecia la magnitud del golpe. Un fondo cotizado que replica un índice de acciones brasileñas llegó a caer un 16 por ciento esta madrugada en Tokio. Es su mayor descenso intradía desde 2020.

Estos fondos, conocidos como ETF, replican la evolución de una cesta de acciones. En Estados Unidos, el iShares MSCI Brazil ETF sufrió una caída aún mayor el domingo por la noche, en la negociación fuera de horario, con pérdidas superiores al 18 por ciento.

Bruno Funchal, consejero delegado de la gestora Bradesco Asset Management, prevé una jornada difícil en la que el mercado reajustará todas las valoraciones.

Sin embargo, la caída más llamativa no cuenta toda la historia. El ETF estadounidense cotiza en dólares y, según el mercado de futuros, el real brasileño pierde más de un 10 por ciento frente a la divisa estadounidense. Si se descuenta la depreciación de la moneda, el descenso de las acciones ronda el 9 por ciento en reales.

El dato encaja con la estimación de la firma bursátil Monte Bravo, que prevé que el Ibovespa pueda caer un 11 por ciento en la primera hora de negociación.

La Bolsa brasileña paga el error de cálculo

Los inversores contaban con un Gobierno que recortara el gasto público, una expectativa que ahora se desvanece. Ese es el principal motivo de la alarma, ya que Brasil lleva años gastando más de lo que ingresa.

El Gobierno cubre ese déficit con endeudamiento y la deuda pública ya supera el 80 por ciento del PIB. Un país que necesita pedir prestado tanto dinero debe ofrecer tipos de interés elevados a los inversores.

Ocurre algo similar con una familia muy endeudada: cuanto mayor es su deuda, más intereses le exige el banco. Por eso, Brasil tiene uno de los tipos de interés reales más altos del mundo, es decir, una vez descontada la inflación.

Esos tipos elevados frenan la economía. La financiación de las empresas se encarece y los consumidores gastan menos, lo que reduce los beneficios y, con ellos, las cotizaciones bursátiles.

Bolsonaro prometía contener el gasto. Un déficit menor reduce la necesidad de endeudarse y abre la puerta a una bajada de los tipos de interés.

Por eso, tras su victoria en la primera vuelta del 4 de octubre, Brasil recibió miles de millones en capital extranjero. El Ibovespa, principal índice de la Bolsa de São Paulo, subió casi un 8 por ciento.

Sin embargo, Luiz Inácio Lula da Silva se impuso ayer con el 51,79 por ciento de los votos. Los inversores no esperan de él grandes recortes presupuestarios. A finales de 2024, las dudas sobre su política de gasto ya llevaron al real a mínimos históricos.

Con ello también se desvanece la esperanza de unos tipos más bajos. Quienes habían apostado por Bolsonaro ven frustradas sus expectativas y retiran su dinero. Esto añade presión sobre la moneda, porque los inversores extranjeros convierten sus reales en dólares al salir del país.

Guilherme Abbud, consejero delegado de la gestora Persevera Asset Management, cree que el mercado tendrá poca paciencia. A su juicio, de entrada se esfuma la perspectiva de un giro profundo en la política económica. Aunque Lula podría acabar siendo más prudente con el gasto, considera poco probable que el mercado le conceda el beneficio de la duda.

La Bolsa de São Paulo abre a las 14:00, hora peninsular española, y los operadores contemplan la posibilidad de que se active el mecanismo de suspensión automática de la negociación ante una caída excesiva.

Si el Ibovespa cae un 10 por ciento, la negociación se suspende durante media hora. Si el descenso alcanza el 15 por ciento, se interrumpe otra hora y, al llegar al 20 por ciento, el operador bursátil B3 decide cuánto dura la suspensión. Este mecanismo se activó por última vez a principios de 2020, durante el desplome bursátil provocado por la pandemia.

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