Predecir con acierto la evolución de la economía debería dar una gran ventaja al invertir. Sin embargo, en la práctica no siempre es así. Incluso quienes anticipan grandes crisis pueden dejar escapar una rentabilidad considerable. El experto estadounidense en inversiones Allan Roth advierte de que confiar demasiado en las propias previsiones puede salir caro.
Por qué acertar con las previsiones también puede costar dinero
Roth explica que los mercados financieros incorporan constantemente las expectativas de futuro. Quien crea, por ejemplo, que las empresas tecnológicas crecerán más gracias a la inteligencia artificial (IA) probablemente no sea el único.
Esa expectativa puede estar ya descontada en las cotizaciones. Por eso, un fuerte crecimiento de las tecnológicas no implica necesariamente que sus acciones vayan a ofrecer una mayor rentabilidad.
Lo mismo ocurre con las acciones internacionales y los bonos. Los inversores pueden evitar la renta variable extranjera por las tensiones geopolíticas o vender bonos porque esperan subidas de los tipos de interés. Sin embargo, esas mismas inversiones pueden acabar ofreciendo buenos resultados.
Roth señala que las acciones de empresas de fuera de Estados Unidos han registrado una rentabilidad relativamente elevada en los últimos años. Además, el sector energético ha superado al tecnológico en 2026, mientras que los bonos ya ofrecen rentabilidades atractivas.
Algo similar ocurrió con las empresas de pequeña capitalización y las llamadas acciones de valor. Los economistas Eugene Fama y Kenneth French demostraron que estas inversiones podían ofrecer una mayor rentabilidad esperada a largo plazo, aunque también entrañaban más riesgo.
A medida que más inversores adoptaron esta estrategia, algunos fondos se encarecieron. La ventaja esperada dejó, por tanto, de estar asegurada.
La crisis de la pandemia muestra cómo pueden equivocarse los inversores
Un ejemplo revelador se encuentra en 2020. Imaginemos que, a finales de 2019, un inversor hubiera sabido con certeza que una pandemia mundial iba a trastocar la economía.
Lo lógico habría sido vender las acciones y refugiar temporalmente el dinero en la seguridad de los bonos del Tesoro estadounidense.
Al principio, habría parecido una decisión excelente. En marzo de 2020, las bolsas de todo el mundo se desplomaron por la pandemia de coronavirus.
Pero después llegó una recuperación de una intensidad inesperada. La bolsa estadounidense acabó cerrando el año con fuertes ganancias.
Según Roth, un inversor que hubiera vendido todas sus acciones a finales de 2019 se habría perdido una rentabilidad de alrededor del 21 por ciento en 2020 en el Vanguard Total Stock Market ETF (VTI).
Y eso no fue todo. El 15 de septiembre de 2026, este ETF cotizaba aproximadamente un 125,9 por ciento por encima del nivel de cierre de 2020.
Así, un inversor podría haber anticipado correctamente la crisis económica y, aun así, haber obtenido resultados mucho peores que quien simplemente hubiera mantenido su inversión.
El ejemplo demuestra que no solo importa la evolución de la economía. La reacción de los demás inversores también determina el rumbo de las cotizaciones.
Warren Buffett y la principal lección para los inversores
El periodista financiero Jason Zweig describe en su libro Las siete virtudes de los grandes inversores cómo analizan el mercado inversores de éxito como Warren Buffett.
No se limitan a determinar qué información es correcta, sino que también estudian qué saben ya los demás inversores y cómo reaccionarán.
La diferencia es importante: acertar con una previsión aporta poca ventaja cuando miles de inversores esperan lo mismo.
Por eso, Roth aconseja a los inversores particulares que no intenten batir al mercado de forma constante. Considera más sensato diversificar el patrimonio, mantener los costes bajos y seguir una estrategia de inversión definida de antemano.
Para quienes aun así quieran elegir acciones o criptomonedas concretas, propone destinar una pequeña parte del patrimonio a inversiones de mayor riesgo. Sitúa ese límite por debajo del cinco por ciento.
Curiosamente, Roth considera que un éxito inesperado es uno de los principales peligros. Obtener ganancias extraordinarias con unas pocas inversiones puede llevar a sobreestimar la propia capacidad y a asumir riesgos cada vez mayores.
Ese riesgo también existe en el mercado de las criptomonedas, donde las fuertes oscilaciones de precios pueden tentar a los inversores a tomar decisiones importantes basándose en previsiones económicas. Incluso cuando estas se cumplen, sigue siendo incierto cómo reaccionarán el precio de Bitcoin (BTC) y los de las demás criptomonedas.
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