El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoce que la guerra con Irán le ha costado a su partido las elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas esta semana. Prometió poner fin al conflicto tras los comicios, pero todas las salidas que siguen abiertas tienen un elevado coste.

Vance atribuye la derrota a la guerra

El vicepresidente JD Vance culpó ayer en X a la guerra con Irán de la derrota en las elecciones de mitad de mandato. Y lo hizo sin rodeos:

“Hemos perdido por la guerra. El propio presidente lo dijo anoche. Quien quiera defender que merecía la pena, que valía la pena perder el Senado durante los próximos seis años, que lo haga. Pero todos sabemos por qué hemos perdido. Y cualquier debate honesto sobre cómo seguir adelante debe partir de ahí”.

Entre bastidores, Vance lleva meses al frente del sector que aboga por un acuerdo. Según las informaciones publicadas, habría reprochado al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que se ha equivocado “en todo” respecto a Irán.

Trump calificó ayer el análisis de Vance de “cierto en gran medida”, porque la guerra con Irán ha encarecido la gasolina. Sin embargo, no se arrepiente: “No teníamos otra opción. No podemos permitir que Irán tenga un arma nuclear”.

Aun así, lleva semanas prometiendo que pondrá fin a la guerra tras las elecciones, sea como sea. Un exasesor de Trump, que habló con Axios bajo condición de anonimato, cree que su imagen pesa especialmente en esa decisión: “Una cosa es perder las elecciones de mitad de mandato. Pero Trump no quiere aparecer como un perdedor por partida doble”.

Tres vías para salir de la guerra con Irán

La primera salida es volver a atacar, una opción para la que ya hay preparativos en marcha. Según funcionarios estadounidenses, el Ejército de Estados Unidos se prepara para una posible nueva intervención a gran escala y está enviando más material militar a Oriente Próximo.

Eso encaja mal con las palabras del propio Trump, que a principios de esta semana afirmó que no tenía “planes inmediatos” de atacar. Además, una nueva oleada de ataques resulta muy impopular, mantendría elevados los precios de la gasolina y probablemente no mejoraría los resultados militares.

La segunda opción es un acuerdo. Desde el pasado fin de semana, Catar intenta que ambos países acepten en Doha un borrador de pacto, pero Irán plantea exigencias elevadas. Teherán mantiene siete condiciones, entre ellas el levantamiento de las sanciones petroleras y del bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes.

A cambio, si Washington acepta, el estrecho de Ormuz podría reabrirse en un plazo de siete días, según una propuesta iraní. Por este paso marítimo transita habitualmente alrededor de una quinta parte del petróleo mundial.

El riesgo es que, tras la derrota electoral de Trump, Teherán crea que tiene la sartén por el mango y eleve aún más sus exigencias.

Los asesores describen la tercera vía como una estrategia de “asfixia”: mantener el bloqueo naval y las duras sanciones hasta dejar que el régimen se deteriore. El director de la CIA, John Ratcliffe, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, defienden esta opción, aunque podría tardar meses en dar resultados.

El mercado parece anticipar, en cualquier caso, la segunda opción: el precio del petróleo ha caído un 17 por ciento en tres días. Hoy, sin embargo, ha repuntado ligeramente tras conocerse los planes de ataque.

Irán celebra la derrota de Trump

Teherán, en cambio, celebró el resultado electoral. Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, aseguró que su país había derrotado a Trump tanto en el terreno militar como en el político.

Según diplomáticos y asesores de Trump, esas celebraciones podrían llevar al presidente a decantarse de nuevo por un ataque. Ali Vaez, subdirector para Oriente Próximo y el norte de África del centro de análisis International Crisis Group, advierte de que Irán puede caer en esa trampa:

“En Teherán probablemente exista la tentación de confundir la debilidad política de Trump con debilidad militar y de arriesgar demasiado, cuando lo más inteligente sería cerrar un acuerdo mientras Washington siga dispuesto a hacerlo”.

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