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El yen japonés lleva tiempo en el foco por su fuerte debilidad. Esta semana, la divisa cayó incluso a su nivel más bajo frente al dólar desde 1986.

Lo que muchos inversores pasan por alto: la cotización de Bitcoin (BTC) lleva un año pendiente de cada movimiento del yen. Y eso pone en entredicho una teoría muy extendida: el carry trade.

Bitcoin sigue de cerca al yen en plena debilidad

La correlación a 52 semanas entre Bitcoin y el par de divisas USD/JPY cayó hasta -0,90, su nivel más negativo desde finales de 2022. Esto implica una fuerte relación inversa: una subida del dólar frente al yen (es decir, un yen más débil) coincide casi siempre con una caída de la cotización de Bitcoin.

Según datos de TradingView, el 81% de los movimientos semanales de Bitcoin coincide con la evolución del par USD/JPY. Es una cifra llamativamente alta para dos mercados tan distintos.

El yen arrastra una presión intensa desde hace años. Desde comienzos de 2021, la divisa ha entrado en una caída libre y ha perdido desde entonces más de un tercio de su valor frente al dólar.

El yen ha caído esta semana a su nivel más bajo desde 1986, con un cambio de 162,27 yenes por dólar.

A modo de comparación, a principios de año el cambio rondaba todavía los 152 yenes por dólar. En doce meses, el dólar se ha encarecido alrededor de un 12% en yenes.

La debilidad del yen se debe sobre todo al enorme diferencial de tipos de interés con Estados Unidos. El Banco de Japón elevó recientemente los tipos al 1%, su nivel más alto en más de tres décadas, pero sigue muy por debajo del rango estadounidense, situado entre el 4,25% y el 4,50%.

Por eso sigue siendo atractivo endeudarse barato en yenes y cambiar esos fondos a dólares, que ofrecen una mayor rentabilidad. Esta estrategia se conoce como carry trade.

La teoría del carry trade se tambalea

Las cifras, sin embargo, cuestionan esa tesis. Los operadores no utilizan el carry trade solo para embolsarse de forma relativamente segura el diferencial de tipos mediante bonos soberanos, sino también para especular con activos de riesgo como Bitcoin.

Según esa lógica, un yen más fuerte debería ser una mala noticia para la criptomoneda. Si el yen se encarece, el coste de la deuda contraída en yenes se dispara y los operadores se ven obligados a vender rápidamente sus posiciones en Bitcoin para cubrirse. Eso presiona el precio a la baja.

En julio y agosto de 2024 quedó perfectamente reflejado. El Banco de Japón subió los tipos, el yen se disparó y Bitcoin se desplomó de 65.000 a 50.000 dólares.

Pero la correlación actual apunta a lo contrario. Si Tokio interviene ahora para apoyar al yen, Bitcoin, según este patrón, podría salir beneficiado.

El dólar mueve los hilos

¿Qué explica entonces esa relación tan estrecha entre Bitcoin y el yen? Probablemente, ninguno de los dos. El dólar estadounidense parece ser el factor que arrastra a ambos.

Cuando el dólar se fortalece, tanto Bitcoin como el yen sufren. Con un dólar fuerte, los inversores buscan la seguridad de la deuda pública estadounidense, lo que provoca salidas de dinero de los activos de riesgo y también de otras divisas.

Y el motivo por el que los inversores compran bonos del Tesoro estadounidense tiene que ver, a su vez, con la expectativa de que el banco central vuelva a subir los tipos de interés. El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, parece decidido a llevar la inflación al objetivo del 2%.

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