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El yen japonés siguió perdiendo terreno y este martes tocó su nivel más bajo frente al dólar estadounidense desde 1986. La divisa japonesa cayó hasta los 162,27 yenes por dólar.

El movimiento vuelve a aumentar la presión sobre las autoridades japonesas para intervenir en el mercado de divisas.

La ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, afirmó que el Gobierno está preparado para adoptar “medidas adecuadas” frente a movimientos excesivos de la moneda. El secretario jefe del Gabinete, Minoru Kihara, también señaló que Japón sigue dispuesto a intervenir si es necesario.

El diferencial de tipos sigue presionando al yen

La debilidad del yen se explica sobre todo por el amplio diferencial de tipos de interés entre Japón y Estados Unidos.

Aunque el Banco de Japón elevó recientemente los tipos hasta el 1%, su nivel más alto en más de tres décadas, los tipos japoneses siguen muy por debajo de los estadounidenses. Eso mantiene el atractivo de endeudarse barato en yenes para invertir ese dinero en activos con mayor rentabilidad en otros mercados.

Esta estrategia se conoce como carry trade. Mientras el diferencial de tipos siga siendo amplio, es probable que la presión sobre el yen persista. Para los mercados bursátiles, en cambio, la continuidad de la debilidad del yen japonés resulta positiva.

La intervención puede ayudar de forma temporal

Japón ya intervino con fuerza anteriormente para sostener su moneda. Entre abril y mayo destinó más de 11,7 billones de yenes de sus reservas de divisas a estabilizar el yen.

La medida propició una recuperación temporal. A finales de abril, el yen pasó de forma repentina de más de 160 a 156,6 por dólar, y al día siguiente llegó a acercarse a 155.

Pero después retomó las caídas. Ese es precisamente el problema de las intervenciones cambiarias: pueden frenar un movimiento brusco, pero no modifican por sí solas la tendencia de fondo.

Si el diferencial de tipos con Estados Unidos sigue siendo elevado, el mercado puede continuar apostando por una mayor debilidad del yen.

El nuevo mínimo aumenta la presión política

Aun así, el nivel es relevante. Un nuevo mínimo de 40 años puede aumentar el malestar interno.

Un yen débil encarece las importaciones. Eso afecta a los hogares y a las empresas japonesas, especialmente en energía y alimentos. Durante las tensiones en torno a Irán, la presión inflacionista ya aumentó por el encarecimiento de la energía.

Esto sitúa al Gobierno japonés en una posición difícil. Por un lado, quiere apoyar la economía. Por otro, una moneda extremadamente débil erosiona el poder adquisitivo y puede dañar la confianza en la política económica.

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