La Bolsa estadounidense sufrió este jueves un duro golpe. El S&P 500 cayó cerca de un cuatro por ciento, su mayor descenso desde el desplome bursátil de abril de 2025. Las empresas tecnológicas fueron las más castigadas.

Los inversores temen que la victoria electoral de los demócratas frene el crecimiento de la inteligencia artificial.

Gráfico del S&P 500 del 5 de noviembre: el índice cae durante toda la mañana desde el cierre de 7.688,62 puntos hasta los 7.379,33 puntos.

Fuertes caídas del S&P 500 y el Nasdaq

La oleada de ventas comenzó en el sector de los semiconductores, pero pronto se extendió al resto de Wall Street. El Nasdaq 100, en el que las grandes tecnológicas tienen un peso destacado, perdió un 6 por ciento.

El castigo fue aún mayor entre los fabricantes de chips. Uno de los principales índices bursátiles del sector se desplomó un diez por ciento. Qualcomm y Arm Holdings también sufrieron caídas tras presentar unas previsiones que decepcionaron al mercado.

Las empresas de Elon Musk tampoco se libraron de las fuertes caídas. Las acciones de Tesla se desplomaron un 11 por ciento, mientras que SpaceX perdió un 8 por ciento.

La inquietud también se dejó sentir fuera de la renta variable. Bitcoin (BTC) cayó un 6 por ciento, mientras los inversores se refugiaban en la deuda pública estadounidense. El VIX, que mide la volatilidad esperada en Bolsa, superó los 26 puntos.

Por qué preocupa la IA a los inversores

Las caídas llegan tras las elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas el martes en Estados Unidos. Los demócratas lograron la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Los inversores temen que el nuevo equilibrio político traiga una regulación más estricta para los centros de datos de IA. Esto podría retrasar la construcción de nuevas instalaciones y reducir la necesidad de chips y otros equipos por parte de las tecnológicas.

El impacto recae especialmente en las empresas que más dependen de las enormes inversiones en IA.

Michael O’Rourke, analista de JonesTrading, prevé que la ralentización en la construcción de centros de datos tenga consecuencias reales. A su juicio, ya no se pueden dar por sentadas las previsiones de beneficios con las que los inversores justificaban las elevadas valoraciones.

Según O’Rourke, los inversores aún no saben qué beneficios podrán obtener las empresas en el futuro. Por ello, optan por vender acciones hasta que haya más claridad.

Los analistas discrepan sobre el impacto en la IA

No todos creen que el sector de la IA vaya a sufrir un impacto duradero.

Chris Zaccarelli, de Northlight Asset Management, considera excesiva la reacción de los inversores. Reconoce que construir centros de datos puede resultar más difícil, pero cree que los proyectos con suficiente rentabilidad acabarán saliendo adelante.

Los analistas de JPMorgan Asset Management también prevén que el crecimiento de la IA continúe por ahora. No obstante, esperan que la construcción de centros de datos sea más cara y lleve más tiempo.

Para David Bahnsen, de The Bahnsen Group, el desplome bursátil también pone de manifiesto hasta qué punto el S&P 500 depende de las grandes tecnológicas.

Estas empresas tienen un peso elevado en el índice. Por ello, las caídas pronunciadas de un grupo relativamente reducido de valores pueden arrastrar al conjunto de la Bolsa estadounidense.

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