Wall Street acaba de perder billones de dólares de capitalización bursátil en apenas una hora. Las caídas se ceban con las tecnológicas: incluso un gigante como Nvidia pierde ya más del 7 por ciento.

Las inversiones vinculadas a la inteligencia artificial llevaban tiempo bajo presión y la victoria demócrata en las elecciones de mitad de mandato ha agravado las dudas. ¿Está justificada esta reacción o está exagerando el mercado?

El Nasdaq acumula una caída del 14%

Las tecnológicas sufren hoy las mayores pérdidas, una tendencia que viene de lejos. El Nasdaq 100, el índice que reúne a las cien mayores empresas no financieras del Nasdaq, cotiza ya un 14 por ciento por debajo del máximo que marcó a principios de octubre.

El Nasdaq 100 ya ha caído un 14% desde su máximo.
El Nasdaq 100 ya ha caído un 14% desde su máximo. – Fuente: TradingView

Durante años, la inteligencia artificial fue el motor del índice: empresas como Nvidia, Microsoft y Broadcom lo impulsaron de récord en récord.

Pero el ánimo de los inversores ha cambiado en las últimas semanas y hoy la presión vendedora se intensifica.

Los analistas de The Kobeissi Letter atribuyen esta caída a la combinación de un endeudamiento récord para invertir y un giro repentino en el ánimo del mercado.

Cuando las cotizaciones caen con fuerza, los inversores endeudados deben aportar más garantías o sus acciones se venden automáticamente. Esas ventas forzosas acentúan las caídas.

The Kobeissi Letter concluye que, desde el punto de vista de los fundamentales, nada ha cambiado en la última hora.

Los demócratas ponen freno a los centros de datos

Una de las principales razones del cambio de tendencia está en Washington. Los demócratas se hicieron con el control del Senado y de la Cámara de Representantes en las elecciones de esta semana. La última vez que la oposición logró conquistar ambas cámaras a la vez fue en 2006.

Para el sector de la inteligencia artificial, los resultados de las elecciones a gobernador son especialmente adversos. En varios estados han ganado candidatos que quieren frenar la construcción de centros de datos. Estas instalaciones, que alojan los sistemas de IA, consumen enormes cantidades de electricidad y agua.

La mayor preocupación se concentra en Texas. La nueva gobernadora, Gina Hinojosa, quiere impedir la construcción de nuevos centros de datos hasta que se aprueben leyes que eliminen las ventajas fiscales y protejan a los hogares frente a las subidas de la factura energética.

Ohio y Georgia también se plantean una pausa. En Ohio, la nueva gobernadora, Amy Acton, exige que los promotores paguen primero su propia conexión a la red eléctrica. En Georgia, Keisha Lance Bottoms quiere paralizar temporalmente las obras para estudiar sus consecuencias.

Según el banco de inversión Goldman Sachs, alrededor del 45 por ciento de la capacidad prevista para centros de datos en Estados Unidos se concentra en estados que podrían limitar su construcción. Texas representa por sí solo una cuarta parte del total.

No son proyectos menores. El banco de inversión Jefferies calcula que los centros de datos anunciados en Texas que están directamente en riesgo suman unos 13 gigavatios de capacidad. Esa potencia equivale, aproximadamente, a la de trece grandes centrales nucleares.

El rechazo también está presente entre los votantes. Según una encuesta a pie de urna de NBC News, el 76 por ciento se opone a la instalación de un nuevo centro de datos en su zona. En las consultas locales sobre normas más estrictas, 40 de las 41 propuestas obtuvieron el respaldo de la mayoría.

El gasto en IA crece más que los ingresos

El freno político se suma así a una preocupación que persiste desde hace meses. Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta destinan este año unos 730.000 millones de dólares en conjunto a infraestructuras de IA. Son unos 2.000 millones de dólares al día y una cifra superior a la de 2024 y 2025 juntos.

Los ingresos también crecen con fuerza. Google Cloud duplicó su facturación en el tercer trimestre y Azure, la plataforma en la nube de Microsoft, creció un 48 por ciento. Sin embargo, el gasto aumenta aún más deprisa, hasta el punto de que Alphabet, Meta y Amazon ya invierten más dinero del que ingresan.

Para cubrir esa brecha recurren a la deuda. Según JPMorgan Asset Management, las grandes tecnológicas captaron unos 194.000 millones de dólares mediante emisiones de bonos en el primer semestre del año. Es casi el doble que en todo 2025.

La confianza en la IA se mantiene, pero la paciencia se agota

Casi nadie cuestiona que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Microsoft asegura que la demanda de capacidad de cómputo sigue superando su oferta. La verdadera incógnita es cuánto tardarán esas inversiones multimillonarias en generar beneficios, y cada retraso en la construcción alarga la espera.

Las empresas que dependen de la deuda son las primeras en notar la presión. CoreWeave, Nebius e Iren cayeron al menos un 30 por ciento en octubre. El coste anual de asegurarse frente a un impago de CoreWeave supera ya el 11 por ciento del importe cubierto.

Aleksandar Tomic, economista del Boston College, resume la incertidumbre: hacen falta tanto esas infraestructuras como ese capital, pero la gran duda es si las empresas podrán sostener ese esfuerzo.

En conjunto, aún es demasiado pronto para concluir que el ciclo de la IA se está frenando de verdad. Si así fuera, las rentabilidades de los bonos caerían mucho más de lo que lo están haciendo y una recesión sería casi inevitable.

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