El precio del oro ha sufrido un fuerte desplome desde el estallido de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El metal precioso ha perdido más de una cuarta parte de su valor, pese a que los inversores suelen recurrir a él en tiempos de incertidumbre.

El oro pierde más del 25% desde el inicio de la guerra

El 2 de marzo, la primera jornada bursátil tras el estallido de la guerra el 28 de febrero, el oro cotizaba en torno a los 5.378 dólares por onza troy. Desde entonces, ha caído hasta unos 4.020 dólares.

Esto supone una pérdida del 25,3% en menos de ocho meses. El lunes por la mañana, el precio llegó a situarse brevemente por debajo de los 4.000 dólares, antes de recuperar algo de terreno.

La caída llama la atención porque el oro se considera tradicionalmente un activo refugio. Durante las guerras y otras grandes crisis, los inversores suelen buscar protección en el metal precioso. Sin embargo, esta vez no está siendo así.

En un primer momento, el precio del oro subió ante el aumento de las tensiones en Oriente Próximo. Pero el avance no se sostuvo a medida que las consecuencias económicas de la guerra se hicieron más evidentes.

¿Por qué cae el oro pese a la guerra?

Una de las principales causas es la subida del petróleo. La guerra y las dificultades para el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz han generado inquietud entre los inversores por el suministro energético mundial.

El encarecimiento del petróleo puede reavivar la inflación, lo que dificulta que los bancos centrales bajen los tipos de interés. Incluso podrían verse obligados a mantenerlos elevados durante más tiempo para contener las subidas de precios.

Este escenario perjudica al oro. El metal precioso no genera intereses, mientras que la deuda pública sí ofrece una rentabilidad. Cuando suben los rendimientos de los bonos, el oro pierde atractivo relativo.

La fortaleza del dólar estadounidense también influye. El oro se negocia en dólares en los mercados internacionales. Una apreciación de la divisa encarece el metal para los inversores que operan con otras monedas, lo que puede frenar la demanda.

Además, los inversores han recogido beneficios tras las fuertes subidas anteriores. Según el análisis de mercado facilitado, las ventas forzosas en el mercado de futuros también han acentuado la caída. Quienes invierten con dinero prestado pueden verse obligados a cerrar posiciones cuando los precios bajan con fuerza.

La evolución del mercado demuestra que una guerra no provoca automáticamente una subida del oro. Cuando pesan más sus efectos sobre la inflación, los tipos de interés y los mercados financieros, incluso un activo refugio tradicional puede sufrir fuertes pérdidas.

Los fondos de oro siguen captando miles de millones pese a la caída

Pese al fuerte descenso del precio, muchos inversores mantienen su confianza en el oro. Así lo refleja el interés sostenido por los fondos cotizados vinculados al metal.

Según datos del Consejo Mundial del Oro, los ETF de oro captaron unos 10.000 millones de dólares en todo el mundo en septiembre. Esa cifra equivale a unas 67 toneladas de oro, pese a que su precio cayó un 8,5% ese mes.

Estas compras elevaron las tenencias totales de oro de estos fondos hasta un récord de 4.256 toneladas al cierre de septiembre. En el conjunto del tercer trimestre, las entradas en fondos de oro también marcaron un máximo histórico de 31.000 millones de dólares.

El contraste entre la caída del precio y las entradas sostenidas de capital sugiere que algunos inversores aprovechan los precios más bajos para comprar más oro. Otros mantienen su estrategia a largo plazo pese a las turbulencias en los mercados financieros.

Según la misma fuente, los bancos centrales también siguen siendo un pilar importante de la demanda de oro. Utilizan el metal precioso, entre otros fines, para diversificar sus reservas y reducir su dependencia del dólar estadounidense.

En los próximos meses serán especialmente relevantes el precio del petróleo, la inflación y la política de tipos de interés de la Reserva Federal. Una bajada del crudo y de los tipos podría favorecer al oro. Por el contrario, una nueva escalada de la guerra, una inflación persistente y un dólar más fuerte podrían aumentar la presión sobre el metal precioso.

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