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El comercio de petróleo a través del estrecho de Ormuz se recupera más rápido de lo previsto. Según un funcionario estadounidense, por esta ruta estratégica vuelven a circular ya más de diez millones de barriles diarios. Es una señal relevante de que Irán parece tener menos capacidad de presión sobre uno de los principales cuellos de botella del mercado energético mundial.

La recuperación llega tras el acuerdo de paz temporal entre Estados Unidos e Irán. Aun así, la tensión sigue siendo elevada. Los nuevos ataques contra buques y unas negociaciones difíciles muestran que la situación está lejos de haberse estabilizado.

El estrecho de Ormuz vuelve a estar en gran parte abierto al tráfico petrolero

El estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Antes de la guerra, por este paso circulaban cada día alrededor de veinte millones de barriles de petróleo y combustibles, cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y GNL.

Durante el conflicto, Irán logró paralizar en gran medida la navegación. Eso provocó un repunte de los precios del crudo y aumentó la presión sobre el Gobierno estadounidense para buscar una salida diplomática.

Según un funcionario estadounidense, la situación ha empezado a cambiar. Gracias al refuerzo de la protección de la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos, cada vez más petroleros se atreven a utilizar de nuevo una ruta meridional junto a Omán. Como resultado, los transportes diarios han aumentado ya hasta superar los diez millones de barriles de petróleo. Sumadas las rutas alternativas de exportación, el flujo total de crudo vuelve a acercarse a los niveles previos a la guerra.

Negociaciones sobre el control de la ruta marítima

Mientras tanto, en Qatar se celebran nuevas conversaciones entre los negociadores estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner y representantes iraníes. Sobre la mesa están tanto el programa nuclear de Irán como el futuro del estrecho de Ormuz.

Estados Unidos quiere que Irán se comprometa de forma definitiva a garantizar el libre paso de la navegación comercial. Según los actuales acuerdos temporales, los buques pueden utilizar la ruta sin pagar peajes mientras duren las negociaciones. El presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio han dejado claro que un acuerdo definitivo tampoco aceptará peajes ni otras tasas marítimas.

Irán, por ahora, no ha aceptado públicamente esa exigencia. El jefe negociador iraní, Mohammed Bagher Ghalibaf, afirmó esta semana que el estrecho de Ormuz está bajo la soberanía de Irán y Omán. Con ello, Teherán mantiene abierta la puerta a alguna forma de control o a futuros cobros al tráfico marítimo.

Los nuevos ataques evidencian que la tensión persiste

Pese a la recuperación del tráfico marítimo, la situación sigue siendo frágil. La semana pasada, según el Gobierno estadounidense, Irán atacó con un dron un portacontenedores con bandera de Singapur. El buque sufrió daños en el puente, pero pudo continuar su travesía y no se registraron víctimas.

Funcionarios estadounidenses sostienen que este tipo de ataques demuestra que Irán intenta volver a ejercer influencia sobre esta ruta estratégica. Al mismo tiempo, Teherán habría asumido ya que resulta mucho más difícil paralizar por completo el tráfico marítimo.

Para el mercado petrolero, se trata de una señal importante. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca en gran medida abierto, disminuye el riesgo de nuevas perturbaciones graves en el suministro mundial de crudo. Si las negociaciones fracasan o las tensiones militares vuelven a aumentar, la ruta podría situarse de nuevo en el centro de una nueva crisis energética.

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