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Leopold Aschenbrenner inyectó esta semana otros 400 millones de dólares en Source Foundry, una startup que aspira a hacer prescindibles las máquinas de ASML. Su hedge fund llegó a gestionar 45.000 millones de dólares en apenas un año y el mes pasado sufrió un desplome espectacular.

Con ello, su apuesta total asciende a 500 millones de dólares, aunque casi nadie sabe con exactitud qué está construyendo la compañía.

Medio millardo para Source Foundry

El hedge fund Situational Awareness ya había invertido antes 100 millones de dólares, según informaron el diario económico The Wall Street Journal y la agencia Bloomberg citando a fuentes conocedoras de la operación.

Source Foundry fue fundada en julio de 2025 por dos antiguos investigadores de la Universidad de Stanford, Abdulmalik Obaid y Joe Burg. La empresa trabaja en litografía, la tecnología que imprime el patrón de un chip sobre silicio.

La compañía quiere rediseñar toda la caja de herramientas de la fabricación de chips, desde las máquinas hasta el software que las acompaña. Cómo pretende hacerlo sigue siendo un secreto, ya que la startup continúa en fase de sigilo.

Aun así, Source Foundry alcanzó en una reciente ronda una valoración de 5.000 millones de dólares, pese a no contar todavía con una máquina operativa. En total, ha captado al menos varios cientos de millones de dólares.

La deuda estuvo a punto de hundirle

A comienzos de julio, Aschenbrenner, de 24 años, aún gestionaba 45.000 millones de dólares. Un mes después, la cifra rondaba los 10.000 millones, lo que supone una pérdida del 67%.

El fondo dependía en gran medida del dinero prestado. Por cada dólar propio, llegó a haber en ocasiones cuatro dólares de deuda, una estructura que amplifica las ganancias, pero también las pérdidas con la misma intensidad.

Aschenbrenner estaba muy expuesto a valores de inteligencia artificial, desde el fabricante de chips de memoria SK Hynix hasta el proveedor de nube para IA Nebius. Cuando esas posiciones perdieron valor rápidamente, los bancos exigieron cada vez más garantías.

Cada venta forzosa presionaba aún más las cotizaciones a la baja, lo que generaba nuevas pérdidas. Ante sus inversores, Aschenbrenner comparó la situación con una retirada masiva de depósitos bancarios.

Mientras llegaban los invitados a su boda, vendió la mayor parte de su cartera cotizada a Citadel, el fondo de su rival Ken Griffin, con un descuento del 10%.

También había sobre la mesa un plan para vender acciones de Anthropic por 3.500 millones de dólares a Sequoia Capital y Greenoaks con el fin de calmar a los bancos, pero Aschenbrenner lo descartó en el último momento.

ASML saca partido del muro de los chips

La apuesta por Source Foundry encaja con su estrategia, ya que el fondo suele entrar en compañías que aún no tienen producto ni ingresos. A los inversores se les comunicó que hasta un 30% de la cartera podía destinarse a empresas no cotizadas.

Sequoia Capital explica por qué ese dinero se dirige precisamente a este segmento. Según su socia Stephanie Zhan, la demanda de IA crece de forma exponencial, mientras que las fábricas que producen los chips solo aumentan su capacidad de manera lineal.

«Esa brecha creciente es el muro de los chips», afirma Zhan. En su opinión, Source Foundry aborda el cuello de botella más estrecho de toda la cadena de la IA.

La principal beneficiada de ese cuello de botella es ASML, que el año pasado facturó 32.670 millones de euros. El fabricante neerlandés obtiene sus ingresos de las máquinas EUV, que utilizan luz ultravioleta extrema para grabar patrones diminutos en los chips.

Una de esas máquinas tiene el tamaño de un autobús escolar y cuesta más de 400 millones de dólares. Es decir, con los 500 millones invertidos en Source Foundry apenas se podría comprar una en ASML.

A ello se suma que ASML depende de miles de proveedores especializados, con Zeiss como nombre más conocido en el área de óptica. Una cadena así no se replica en pocos años.

Solo cuando un fabricante de chips como TSMC o Samsung pruebe el sistema en una fábrica, esa valoración de 5.000 millones de dólares será algo más que teoría. Según The Wall Street Journal, aún podrían pasar años antes de que la tecnología sea comercialmente viable.

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