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El Banco Central Europeo (BCE) parece prepararse para una nueva subida de tipos. Los mercados financieros ven probable que el banco central vuelva a elevarlos en septiembre. Sin embargo, la política monetaria podría tomar un rumbo muy distinto el próximo año.

Los economistas también contemplan recortes de tipos en 2027. Mucho dependerá de los precios de la energía, la inflación y el crecimiento económico de la eurozona.

Una nueva subida de tipos del BCE parece cercana

En su reunión de julio, el BCE mantuvo los tipos sin cambios, pero para muchos economistas eso no significa que el ciclo de subidas haya terminado. Para la próxima reunión, el 10 de septiembre, se espera de nuevo un incremento.

Los operadores asignan actualmente a una subida de tipos en septiembre una probabilidad de alrededor del 80%. Así, el tipo de depósito pasaría del 2,25% al 2,50%.

También sigue sobre la mesa una segunda subida más adelante este año. El mercado estima en torno al 40% la probabilidad de que el BCE vuelva a actuar en diciembre. En ese escenario, el tipo de depósito podría alcanzar el 2,75%.

Michael Field, responsable de estrategia de mercados de Morningstar, contempla un escenario similar. Según él, una subida en septiembre es muy probable. Para diciembre, considera que las opciones de un nuevo aumento son aproximadamente las mismas que las de que el BCE mantenga los tipos sin cambios.

No todos están convencidos de que los tipos deban subir realmente. Bastian Freitag, responsable de análisis económico de Rothschild & Co Wealth Management en Alemania, cree que los inversores subestiman la posibilidad de que el BCE no haga nada en septiembre.

Su principal argumento es que el reciente repunte de la inflación se debe sobre todo al encarecimiento de la energía. Por ahora, hay pocos indicios de que esa subida de precios se esté extendiendo al conjunto de la economía.

El elevado precio del petróleo presiona al BCE

Los precios del petróleo y del gas han subido con fuerza por la escalada de la guerra en Oriente Medio. Ese movimiento ya se refleja en las cifras de inflación. La inflación de la eurozona repuntó en julio hasta el 2,9%. La inflación subyacente, que excluye entre otros componentes la energía y los alimentos, avanzó ligeramente hasta el 2,5%.

Para el BCE, la clave es qué ocurre después. Los banqueros centrales temen los llamados efectos de segunda ronda. Se producen, por ejemplo, cuando las empresas trasladan a los consumidores el aumento de los costes energéticos y, a continuación, los trabajadores reclaman salarios más altos para proteger su poder adquisitivo.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ya advirtió de ello en julio. “La incertidumbre sigue siendo elevada y el impacto inflacionista completo del shock energético aún está por materializarse”, afirmó.

Según Lagarde, por eso el banco central vigila de cerca cuánto tiempo se prolonga el shock de precios y hasta qué punto acaba trasladándose al resto de la economía.

Hasta ahora, sin embargo, hay pocas señales de una espiral salarios-precios. Freitag no aprecia un aumento claro de las expectativas de inflación ni del crecimiento salarial. Otros economistas también advierten de que no conviene dar demasiado peso a un solo mes de inflación más alta.

Esto complica el escenario para el BCE. Una subida de tipos puede enfriar la demanda en la economía, pero tiene un impacto directo mucho menor sobre un shock energético provocado por acontecimientos geopolíticos.

Los recortes de tipos en 2027 vuelven a entrar en escena

Precisamente por eso, la política de tipos podría volver a cambiar en 2027. Por ahora, los mercados financieros esperan que el BCE mantenga los tipos relativamente altos hasta bien avanzado el próximo año. Aun así, algunos economistas ven surgir condiciones en las que los recortes volverían a tener sentido.

Hay dos motivos principales. En primer lugar, las cifras de inflación podrían mejorar a partir de la primavera de 2027 por efectos base. Si los precios del petróleo no vuelven a subir con fuerza, los elevados precios actuales de la energía se compararán entonces con precios también altos de un año antes. Eso puede hacer que la inflación interanual baje por sí sola.

Además, las subidas de tipos se transmiten a la economía con retraso. Según Freitag, hacen falta entre nueve y dieciocho meses para que unos tipos más altos se noten plenamente. Por ello, las subidas de 2026 podrían empezar a pesar con más fuerza en 2027 sobre los hogares, las empresas y el crecimiento económico.

Si para entonces la inflación se reduce y no aparece una espiral salarios-precios amplia, el balance del BCE podría cambiar. Un nivel de tipos que en 2026 todavía sea necesario para frenar la inflación podría ejercer en 2027 una presión excesiva sobre la economía.

La próxima reunión del BCE está prevista para el 10 de septiembre. Después, este año aún habrá decisiones sobre tipos el 29 de octubre y el 17 de diciembre.

Nuevas señales pueden cambiar rápidamente las expectativas

Los inversores no tienen que esperar hasta septiembre para recibir nuevas pistas sobre la política de tipos. Mañana, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, participará en un panel del Foro Económico Mundial sobre las perspectivas de la economía global.

Además, se publicarán las cifras definitivas de inflación de julio para la eurozona, incluidas las cifras ajustadas estacionalmente. Estos datos pueden aportar más claridad sobre el alcance de las recientes subidas de precios.

Ambos acontecimientos pueden influir en las expectativas para septiembre. Se seguirán de cerca especialmente las nuevas señales sobre la presión inflacionista subyacente y el posible traslado de los mayores precios de la energía.

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