El temor a una burbuja de la inteligencia artificial (IA), que llevaba meses acechando a Wall Street, se desató el jueves.

El Nasdaq 100 cerró con una caída superior al 6 por ciento, la mayor desde el desplome de marzo de 2020 por la pandemia. El S&P 500 perdió un 4,4 por ciento, los 30 valores del Dow Jones terminaron en negativo y Nvidia se hundió más de un 9 por ciento, borrando todas las ganancias acumuladas este año.

Los valores de semiconductores entran en un mercado bajista

La oleada de ventas comenzó poco después de la apertura de las bolsas estadounidenses y se intensificó a lo largo de la jornada. Las empresas más castigadas fueron las que protagonizan el auge de la IA, que había llevado a la bolsa a encadenar récords este año.

El índice de semiconductores de Filadelfia, que incluye a Nvidia, Intel y AMD, se desplomó un 12 por ciento y registró su peor sesión desde marzo de 2020. Con esta caída, se sitúa más de un 38 por ciento por debajo del máximo del 22 de junio y entra oficialmente en un mercado bajista.

El detonante fue la victoria electoral de los demócratas, que lograron la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Los inversores temen que Washington frene la construcción de centros de datos para IA y, con ello, las inversiones de cientos de miles de millones de dólares en chips y servidores.

El miércoles, los mercados aún habían recibido el resultado con alivio y los inversores habían aprovechado para comprar tras las caídas nocturnas provocadas por los primeros resultados. Quienes compraron sufrieron un duro revés el jueves.

Según Michael O’Rourke, estratega de mercados de JonesTrading, las elevadas cotizaciones de las empresas de chips e IA se apoyan en unas previsiones de beneficios para el próximo año que dan por hecho que la construcción de centros de datos mantendrá su ritmo. Si las decisiones políticas frenan esas obras, las previsiones dejarán de sostenerse y las acciones resultarán más caras de lo que parecían.

Los fondos de cobertura agravan la caída

El desplome se acentuó porque muchos inversores se vieron obligados a vender al mismo tiempo. Los fondos de cobertura que habían apostado con dinero prestado por las acciones de IA más populares tuvieron que liquidar posiciones para limitar sus pérdidas. Se desencadenó así una reacción en cadena: cada venta presionaba aún más las cotizaciones y provocaba nuevas ventas.

Según Michael Monaghan, de Founder ETFs, los fondos de cobertura más pequeños están liquidando posiciones de forma masiva, mientras los grandes inversores a largo plazo se mantienen al margen y no aprovechan las caídas para comprar.

Esto se aprecia con claridad en los fondos que compran de forma automática los valores con mejor evolución en los últimos meses. Un fondo de iShares que sigue esta estrategia perdió un 8,2 por ciento, su peor sesión desde 2020. También sufrieron fuertes caídas las acciones que acumulaban más apuestas bajistas: una cesta de los valores con más posiciones cortas, elaborada por Goldman Sachs, retrocedió casi un 8 por ciento.

Las pérdidas acumuladas son ya considerables. El Nasdaq 100 cotiza casi un 15 por ciento por debajo del récord del 6 de octubre, lo que supone la pérdida de unos 2,3 billones de dólares de capitalización bursátil. El Russell 2000, el índice de pequeñas empresas estadounidenses, cayó un 4,5 por ciento el jueves y también se sitúa ya más de un 10 por ciento por debajo de su máximo.

El miedo de los inversores se refleja en el VIX, el índice que mide la volatilidad esperada del mercado. Saltó de 16,6 a 28,2 puntos, su nivel más alto desde marzo. Los inversores buscaron refugio en la deuda pública estadounidense, lo que hizo caer las rentabilidades a su nivel más bajo desde principios de septiembre.

Una caída que recuerda a 2008

Para algunos inversores, la oleada de ventas parece el inicio de algo mayor. Greg Taylor, director de inversiones de PenderFund Capital Management, afirmó que la situación le recuerda a 2008 o a 2001, en alusión al estallido de las burbujas inmobiliaria y de las puntocom. A su juicio, toda la bolsa había girado en los últimos meses en torno a un único tema, la inteligencia artificial, por lo que una corrección era inevitable.

Otros analistas ven, sobre todo, un ajuste doloroso pero saludable. Eric Diton, de The Wealth Alliance, califica la caída de extrema, aunque no cree que las subidas hayan llegado a su fin. Sí prevé que la oposición a los centros de datos perjudique los beneficios de los fabricantes de chips y servidores, por lo que está aumentando sus posiciones en empresas energéticas para protegerse de los elevados precios del petróleo. Marta Norton, de Empower, suele aprovechar las caídas para comprar, pero ahora solo lo hace en empresas con balances sólidos y valoraciones bajas.

La vuelta a la calma dependerá el viernes del informe de empleo de octubre en Estados Unidos. Si los datos muestran fortaleza, aumentará la probabilidad de que la Reserva Federal suba los tipos de interés en diciembre. Unos tipos más altos reducen el valor actual de los beneficios futuros, un efecto al que son especialmente sensibles las tecnológicas con valoraciones elevadas.

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