Nvidia quiere que Europa desarrolle su propia inteligencia artificial y está dispuesta a venderle la infraestructura necesaria. La semana pasada, el fabricante de chips presentó en Berlín un centro de datos listo para funcionar dentro de un contenedor.

Nvidia cobra al entregar los equipos, mientras que el cliente europeo tarda en recuperar la inversión. Y ese plazo de amortización genera cada vez más dudas entre los inversores.

Nvidia mete una fábrica de IA en un contenedor

El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, presentó el pasado miércoles el DSX Pod en GTC, la conferencia del gigante de los chips. Se trata de un pequeño centro de datos con los servidores y los sistemas de refrigeración ya instalados y probados.

Al cliente solo le queda conectar el contenedor. Según Nvidia, esto reduce el plazo de construcción de seis meses a 14 días, unas trece veces menos.

Huang aprovechó su intervención, sobre todo, para lanzar un mensaje a Europa. Afirmó que todas las empresas europeas acabarán siendo empresas de IA y destacó los conocimientos técnicos de los fabricantes europeos de maquinaria.

A su juicio, no basta con utilizar esta tecnología: para formar parte de la economía de la IA, Europa también debe producirla. Y, según defendió, el continente tiene capacidad para hacerlo.

El llamamiento de Huang tiene también un claro interés comercial: cuanta más infraestructura construya Europa, más chips y programas podrá vender Nvidia.

El funcionamiento de la IA depende de toda una cadena de infraestructura. En su base están los chips, los procesadores que realizan los cálculos y cuyo principal proveedor es Nvidia. Miles de ellos se agrupan en centros de datos, instalaciones llenas de servidores que requieren grandes cantidades de electricidad y refrigeración.

La mayoría de las empresas no dispone de un centro de datos propio. Alquilan capacidad de cálculo a gigantes de la nube como Amazon, Microsoft y Google, o a proveedores especializados como Nscale, respaldado por Nvidia. Con el DSX Pod, Nvidia se dirige precisamente a las empresas que quieren disponer de esa capacidad en sus propias instalaciones.

En estos centros de datos se entrena primero un modelo de IA, que aprende a identificar patrones a partir de enormes volúmenes de datos. Después llega su uso cotidiano, ya sea para que un asistente virtual responda preguntas o para que un robot reconozca su entorno.

Los clientes pagan por ese procesamiento al final de la cadena. Si llegan suficientes encargos remunerados, el propietario del centro de datos pide nuevos chips y el ciclo vuelve a empezar.

Nvidia asegura haber comprometido ya cerca de 10.000 millones de dólares en el sector tecnológico europeo. La cifra equivale aproximadamente a una décima parte de los 96.200 millones de dólares que facturó en su último trimestre.

La factura eléctrica se queda en Europa

Ahí está también la salvedad: Nvidia contabiliza los ingresos en cuanto entrega los sistemas, mientras que el cliente europeo tarda años en recuperar su inversión.

Una instalación de este tipo genera gastos diarios de electricidad y personal. Si se utiliza poco, cada tarea de cálculo puede acabar costando más que contratarla a un proveedor de servicios en la nube.

Aun así, crece la demanda de IA física, la inteligencia artificial que controla robots y máquinas. Este mercado generó para Nvidia unos 11.000 millones de dólares en el primer semestre, con un crecimiento de hasta el 30%.

La alemana Agile Robots quiere fabricar el próximo año entre 1.000 y 2.000 pequeños robots humanoides junto con Nvidia, según declaró a Reuters su consejero delegado, Zhaopeng Chen.

La demostración en el escenario dejó claro que la tecnología aún no funciona a la perfección: de los cuatro pequeños robots con forma de pato a los que Huang pidió que se echaran una siesta, uno solo se tumbó después de que insistiera.

El discurso comercial llega en un momento de presión sobre las inversiones vinculadas a la IA. Los inversores dudan cada vez más de que esas inversiones multimillonarias vayan a resultar rentables y examinan las cifras con mayor rigor.

Los valores de los fabricantes de chips han sido los más castigados: el índice de semiconductores de Filadelfia, que sigue a las empresas estadounidenses del sector, encadenó su racha de caídas más larga desde 2008. Ayer, no obstante, repuntó casi un 3%.

La verdadera prueba para las acciones de Nvidia está, por tanto, en sus clientes. Cuando las empresas europeas demuestren que ganan dinero con estos contenedores y hagan nuevos pedidos, la promesa de Huang se habrá convertido en un mercado real.

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