Los recientes problemas en Binance, Ledger, Trezor y Keystone dejan algo claro: no existe una forma de guardar criptomonedas sin riesgo alguno. Custodiar tus propios activos te da un amplio control, pero también te obliga a asumir toda la responsabilidad. Una plataforma de intercambio o un ETF simplifican la gestión, aunque conllevan otros riesgos. ¿Qué opciones hay y en qué conviene fijarse?

¿Monedero físico o plataforma de intercambio?

Los monederos físicos siguen siendo una de las opciones más conocidas para custodiar por cuenta propia Bitcoin (BTC) y otras criptomonedas. Las claves privadas se mantienen desconectadas de internet, lo que dificulta el acceso remoto de los ciberdelincuentes.

Sin embargo, los monederos físicos tampoco están exentos de riesgos. Conviene prestar especial atención al recorrido del dispositivo desde el fabricante hasta el usuario. Por eso, lo más recomendable es comprarlo directamente al fabricante, como Ledger o Trezor.

También hay que extremar las precauciones con los distribuidores autorizados. Recientemente se descubrió que estos dispositivos pueden haber sido manipulados. Ni siquiera algunos de los vendidos por MediaMarkt en Europa resultaron seguros. En cualquier caso, conviene evitar los dispositivos de segunda mano y los monederos físicos de tiendas en línea desconocidas.

Comprueba siempre que ni el embalaje ni el dispositivo presenten señales de manipulación. Además, la frase de recuperación debe generarla el propio dispositivo. Si la caja ya incluye una frase de recuperación escrita en un papel, no utilices el monedero.

Monederos de software y plataformas de intercambio

Además de los monederos físicos, existen monederos de software, como MetaMask y Trust Wallet. Estas aplicaciones son gratuitas y permiten a los usuarios mantener el control de sus criptomonedas. Para quienes empiezan a invertir en estos activos, quizá no sean la opción más sencilla.

Su desventaja es que las claves privadas del monedero suelen almacenarse en un dispositivo conectado a internet. Esto los hace más vulnerables a los programas maliciosos, la suplantación de identidad y otros ciberataques. Son especialmente adecuados para cantidades pequeñas y el uso cotidiano.

Una alternativa más sencilla es dejar las criptomonedas en una gran plataforma de intercambio. Así no tienes que proteger una frase de recuperación y puedes operar con facilidad. A cambio, la plataforma custodia las claves privadas.

Algunas plataformas ofrecen protección adicional. Bitvavo, por ejemplo, cuenta con una garantía de hasta 100.000 euros para determinados casos de acceso no autorizado y robo. Está sujeta a condiciones, entre ellas el uso de la autenticación de dos factores mediante una aplicación. No es un sistema de garantía de depósitos ni un seguro que cubra cualquier pérdida.

Como vimos recientemente con el ataque a Binance, ni siquiera las mayores plataformas de intercambio son totalmente seguras. Estas necesitan mantener parte de los fondos conectados a internet para tramitar con rapidez las retiradas y las transacciones. Por eso, conviene examinar qué plataforma utilizas y con qué respaldo cuentan tus fondos.

Un ETF facilita la inversión, pero no te da la propiedad de los bitcoins

Quienes busquen principalmente obtener rentabilidad con la evolución de la cotización también pueden optar por un ETF de Bitcoin o un producto cotizado similar. En este caso, se compra a través de un intermediario bursátil tradicional un producto financiero que replica el precio de Bitcoin.

Su principal ventaja es la comodidad. No hacen falta monederos, claves privadas ni frases de recuperación y, a menudo, el producto puede mantenerse en una cuenta de inversión que ya tengas abierta.

Una ventaja importante de los ETF de criptomonedas en materia de seguridad es que los activos subyacentes suelen estar custodiados por entidades especializadas. Estas utilizan sistemas de seguridad profesionales, como el almacenamiento sin conexión a internet, el cifrado y controles de acceso estrictos.

A cambio, no eres propietario directo de los bitcoins. Por lo general, no puedes enviarlos a un monedero propio ni utilizarlos directamente en la red Bitcoin. Además, pagas comisiones de gestión y dependes de la gestora del fondo, del intermediario y del custodio.

La opción más adecuada depende, sobre todo, de tus prioridades. La autocustodia ofrece el máximo control; una plataforma de intercambio aporta comodidad, y un ETF permite invertir en Bitcoin dentro del sistema financiero tradicional. En cada caso, lo que cambia es, ante todo, quién asume la responsabilidad cuando algo sale mal.

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