El yen japonés ha rebotado hoy desde mínimos de casi cuarenta años después de que la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, instara a los fondos de pensiones a invertir más dentro del país. En Tokio, algunos operadores hablan ya de una «intervención encubierta» en los mercados de divisas y de deuda, un movimiento que podría suponer un riesgo para los mercados globales.
Katayama llama a los inversores a volver a casa
Katayama afirmó el viernes en una rueda de prensa que el Gobierno quiere animar a los fondos de pensiones y a los hogares japoneses a destinar más dinero a inversiones nacionales. Citó expresamente al Government Pension Investment Fund (GPIF), el mayor fondo de pensiones del mundo, con una cartera de unos 1,8 billones de dólares.
«Queremos garantizar que la población pueda beneficiarse directamente del crecimiento económico de Japón», señaló Katayama.
El motivo de este llamamiento es la debilidad de la divisa. Un yen barato encarece todo lo que Japón importa, desde el petróleo hasta los alimentos, y alimenta la inflación.
En circunstancias normales, el Gobierno interviene directamente. Vende reservas en dólares y compra yenes, lo que impulsa la moneda. Pero esa estrategia ya costó a comienzos de año 11,73 billones de yenes, y el mercado duda de cuánto margen de maniobra queda.
Por eso Katayama recurre ahora a un arma más barata: las palabras. Si el ahorro de los fondos de pensiones japoneses sale del extranjero y vuelve al país, el yen también se fortalece, sin que el Estado tenga que gastar un solo yen.
El yen reaccionó de inmediato con una subida de alrededor del 0,6%, hasta 161,36 unidades por dólar, alejándose de su nivel más bajo desde 1986.
La rentabilidad del bono soberano a diez años cayó 10 puntos básicos, es decir, 0,1 puntos porcentuales, hasta el 2,77%. La del bono a veinte años retrocedió 11,5 puntos básicos, hasta el 3,75%.
La explicación también es sencilla. Si el GPIF compra más deuda pública japonesa, aumenta la demanda y, con ella, el precio. Un mayor precio de los bonos implica automáticamente una menor rentabilidad.
El Nikkei 225 también ha subido un 1,8%, apoyado por los valores vinculados a la inteligencia artificial y por las declaraciones de Katayama. El principal índice japonés cotiza ya un 73% por encima de los niveles de hace un año.
Golpe al carry trade
Para el llamado carry trade con yenes, esto es una mala noticia. En esta popular estrategia, los inversores toman prestados yenes a bajo coste gracias a los reducidos tipos de interés en Japón y los convierten en dólares para invertir en activos extranjeros con mayor rentabilidad. La ganancia está en la diferencia entre ambos rendimientos.
Un yen más fuerte reduce ese beneficio. Quien amortiza su préstamo cambia sus dólares de nuevo a yenes. Pero, si el yen sube, esos mismos dólares permiten comprar menos yenes.
Eso puede empujar a los inversores a vender sus activos en el extranjero antes de que el yen siga apreciándose. Si las ventas se generalizan, recompran yenes y empujan aún más la divisa al alza, aumentando la presión sobre otros participantes del mercado.
Bart Wakabayashi, de State Street, introduce un matiz. Describe el movimiento actual como una «reacción refleja» y considera que el repunte del yen solo se sostendrá si las palabras van acompañadas de medidas concretas.
No tiene por qué llegarse a ese escenario. Pero, si la estrategia se da realmente la vuelta, el impacto puede ser amplio. Para obtener yenes, los inversores venderían distintos activos, desde acciones estadounidenses hasta Bitcoin (BTC). Cuando esta operativa saltó por los aires en agosto de 2024, por ejemplo, todo el mercado cripto sufrió una fuerte caída.
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