El yen japonés vuelve a estar bajo presión pese a las enormes operaciones de apoyo de Japón y Estados Unidos. Solo este año, Japón ya ha intervenido en el mercado de divisas por más de 100.000 millones de dólares para sostener su moneda.
Aun así, el cruce dólar-yen vuelve a subir. Esto plantea la duda de si las intervenciones están perdiendo eficacia y qué puede implicar para la bolsa, las criptomonedas y la economía mundial.
Por qué las intervenciones solo funcionan de forma temporal
La debilidad del yen no es solo un problema japonés. La divisa desempeña un papel importante en los mercados financieros globales a través del llamado carry trade. En esta estrategia, los inversores toman prestados yenes a bajo coste para invertir después ese dinero en mercados con mayor rentabilidad. Cuanto más débil es el yen, más atractiva resulta la operación.
La intervención conjunta de Japón y Estados Unidos provocó inicialmente una fuerte recuperación de la moneda. El yen subió alrededor de un 5% después de que el tipo de cambio hubiera caído hasta casi 164 yenes por dólar, su nivel más bajo en unos cuarenta años.
La semana pasada, ambos países volvieron a intervenir de forma coordinada. Estados Unidos vendió euros y compró yenes con esos fondos. Como resultado, el tipo de cambio bajó temporalmente hasta unos 155 yenes por dólar. Sin embargo, desde entonces ha vuelto a repuntar.
No es una sorpresa. Una intervención en el mercado de divisas no cambia la causa de fondo. Los tipos de interés en Japón siguen estando muy por debajo de los de Estados Unidos. Por eso continúa siendo atractivo endeudarse en yenes e invertir ese dinero en dólares u otros activos.
El banco estadounidense BNY advierte por ello de que la credibilidad de nuevas intervenciones se reduce si el yen vuelve a debilitarse rápidamente una y otra vez. Una nueva subida hacia los 160 yenes por dólar aumentaría aún más la presión sobre las autoridades japonesas para adoptar medidas más contundentes.
Las empresas japonesas también muestran una preocupación creciente. Un yen débil encarece las importaciones de energía, alimentos y materias primas. Incluso los exportadores, que tradicionalmente se benefician de una moneda barata, reclaman ya más estabilidad.
Por qué el yen también afecta a la bolsa y a las criptomonedas
Las consecuencias van mucho más allá de Japón. Si el yen se apreciara de forma brusca, los inversores podrían verse obligados a deshacer sus operaciones de carry trade. En ese proceso, se venden acciones, criptomonedas y otros activos de riesgo para devolver préstamos denominados en yenes.
Al mismo tiempo, Washington quiere evitar que Japón venda de forma masiva bonos del Tesoro estadounidense para defender su moneda. Durante la reciente intervención, Japón recurrió por ello a otras vías para obtener dólares, mientras Estados Unidos vendía euros para comprar yenes. Así se evitó una presión vendedora adicional sobre el mercado de deuda estadounidense.
El yen se está convirtiendo así cada vez más en un termómetro del estrés financiero. Mientras la moneda siga debilitándose pese a intervenciones multimillonarias, aumenta la probabilidad de que Japón acabe endureciendo más su política de tipos. Eso podría tener consecuencias mucho mayores para los mercados financieros globales que una intervención cambiaria temporal.
El Banco de Japón, cada vez más presionado
La probabilidad de una nueva subida de tipos por parte del Banco de Japón parece estar aumentando. Las cuatro mayores aseguradoras de vida japonesas acumulan ya conjuntamente unos 15,1 billones de yenes, equivalentes a cerca de 96.000 millones de dólares, en pérdidas latentes en bonos. Esto se debe al aumento de los tipos en Japón. Los nuevos bonos del Estado ofrecen una rentabilidad más alta, lo que reduce el valor de los bonos antiguos con cupones más bajos.
Al mismo tiempo, crece la expectativa de que el Banco de Japón vuelva a subir los tipos más adelante este año, posiblemente del 1,0% al 1,25%. Con ello, el banco central busca frenar la persistente inflación y apoyar al yen debilitado.
Ahí reside precisamente el dilema. Unos tipos más altos pueden estabilizar el yen, pero aumentan la presión sobre bancos, aseguradoras y otras entidades financieras con grandes carteras de bonos.

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