La intervención conjunta de Japón y Estados Unidos para apoyar al yen puede tener importantes consecuencias para el mercado de divisas. Japón ya había intervenido en otras ocasiones para sostener su moneda, pero esta vez fue distinto. Washington participó, la operación contó con respaldo político y, según algunas informaciones, pudo haberse ejecutado a través del cruce euro-yen en lugar de hacerlo directamente en el par dólar-yen.
Según los expertos del mercado, esto va más allá de una intervención cambiaria convencional. A su juicio, el yen se ha convertido en un arma de política económica.

Dos grandes potencias frente a una sola operación
Según Jesper Koll, de Monex, Japón y Estados Unidos han “armado” al yen. Con ello se refiere a que los inversores que especulan de forma masiva contra la divisa japonesa deben contar ahora con dos gobiernos actuando conjuntamente al otro lado de esa operación.
Eso cambia la psicología del mercado. Cuando Japón interviene en solitario, los mercados a veces pueden ignorarlo. Pero si también participa el Tesoro estadounidense, el mensaje gana peso. Ya no se trata solo de política cambiaria, sino también de geopolítica y estabilidad financiera.
Fue la primera intervención conjunta de Estados Unidos y Japón para comprar yenes desde 1998.
La política cambiaria se convierte en geopolítica
Según los economistas, la medida encaja en una tendencia más amplia. El Gobierno de Trump parece dispuesto a utilizar activamente los mercados de divisas como instrumento de política exterior. Washington ya respaldó anteriormente a Argentina con un amplio paquete que incluía una permuta de divisas y compras de pesos.
La lógica es clara. Los aliados pueden recibir apoyo cuando su moneda está bajo presión y la inestabilidad genera riesgos más amplios. En el caso de Japón, podría haber algo más en juego que el yen.
Un yen demasiado débil puede obligar a los inversores japoneses a recomponer sus carteras. Eso puede tener consecuencias para los bonos del Tesoro de Estados Unidos, ya que Japón es uno de los grandes tenedores de deuda pública estadounidense. A Washington, por tanto, le interesa evitar desórdenes en torno al yen.
El carry trade se vuelve más peligroso
El principal impacto en el mercado, sin embargo, se concentra en el carry trade con yenes. Durante años, el yen fue la divisa de financiación preferida por los inversores. Tomaban prestado a bajo coste en yenes y después invertían ese dinero en activos con mayores rentabilidades, como bonos estadounidenses, acciones, mercados de crédito o mercados emergentes.
Mientras el yen siguiera débil, la estrategia funcionaba bien. Pero si la divisa japonesa sube de forma repentina por una intervención conjunta, la operación se vuelve dolorosa. Los inversores tienen que recomprar yenes para devolver sus préstamos, lo que puede provocar presión vendedora en otros mercados.
Por eso, un yen más fuerte puede tener efectos más amplios en la renta variable, la renta fija y los activos de riesgo.
Para los inversores entra ahora en juego un factor adicional. Ya no cuentan solo los diferenciales de tipos, la inflación y el crecimiento. También cobra más importancia la reacción de los gobiernos. Si los mercados creen que Estados Unidos y Japón pueden volver a intervenir, las grandes posiciones cortas contra el yen se vuelven más arriesgadas. Como consecuencia, los inversores podrían recurrir a otras divisas de financiación, como el euro.
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