La próxima temporada de resultados podría ser mucho más sólida de lo que esperan los inversores. Jurrien Timmer, responsable de análisis macroeconómico global de Fidelity, cree que los beneficios de las empresas del S&P 500 podrían crecer entre un 30 y un 35 por ciento en el tercer trimestre.

Sería un crecimiento excepcional. En el segundo trimestre, los beneficios aumentaron alrededor de un 34 por ciento, tras avanzar un 29 por ciento en el primero.

Las previsiones siguen revisándose al alza

Según Timmer, en los últimos trimestres se repite el mismo patrón. Los analistas parten de previsiones de beneficios relativamente prudentes, pero las empresas superan las expectativas durante la temporada de resultados y las estimaciones se revisan rápidamente al alza.

Si vuelve a ocurrir, el crecimiento de los beneficios en el tercer trimestre podría situarse en esa franja del 30 al 35 por ciento. Un dato llamativo, dado que el S&P 500 ya supera los 7.800 puntos y marca nuevos máximos históricos.

Los inversores pagan menos por cada unidad de beneficio

Sin embargo, las acciones no se han encarecido en términos de la relación entre su cotización y sus beneficios. Los beneficios de los últimos doce meses aumentaron alrededor de un 28 por ciento, mientras que el PER calculado sobre esos resultados cayó cerca de un 10 por ciento.

Esto significa que los beneficios empresariales han crecido más rápido que las cotizaciones. Timmer señala que existe una explicación histórica: los inversores suelen pagar múltiplos más bajos cuando el crecimiento de los beneficios es muy elevado, porque temen que ese ritmo no sea sostenible.

Así ocurrió, por ejemplo, en 2018 y de nuevo tras el fuerte crecimiento de los beneficios de 2021.

El mayor riesgo está en las empresas de mayor capitalización

La gran incógnita no es solo cuánto crecerán los beneficios en el tercer trimestre, sino, sobre todo, si ese ritmo podrá mantenerse después. De cara a los próximos periodos, Wall Street sigue esperando un crecimiento cercano al 20 por ciento.

Es un ritmo sólido, pero claramente inferior al 28 por ciento actual. Además, Kevin Gordon, estratega de Schwab, advierte del riesgo que supone la dependencia de las grandes tecnológicas.

Si una de estas grandes empresas reduce de forma inesperada su inversión en infraestructura de inteligencia artificial, las consecuencias podrían trasladarse de inmediato a los beneficios de muchas compañías que dependen de ese ciclo de inversión. Por ello, la próxima temporada de resultados será una prueba importante.

Si el crecimiento de los beneficios se acerca al 35 por ciento y las perspectivas siguen siendo sólidas, podría quedar patente que Wall Street aún subestima la capacidad de las empresas para generar beneficios.

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