Alphabet, la matriz de Google, presenta hoy sus resultados trimestrales tras el cierre de Wall Street. En circunstancias normales, el mercado se fijaría sobre todo en el crecimiento de los ingresos, el beneficio por acción y la facturación publicitaria. Esas cifras siguen siendo relevantes, pero esta vez el foco está en una cuestión de mayor calado.
¿Puede Alphabet demostrar que sus enormes inversiones en IA empiezan realmente a generar rentabilidad? Esa es la pregunta a la que Wall Street espera respuesta hoy.
El listón está alto
Los analistas prevén unos ingresos de alrededor de 116.800 millones de dólares. Eso supondría un crecimiento interanual cercano al 21%. El beneficio por acción se estima en torno a 2,89 dólares.
Son previsiones exigentes. Además, Alphabet ha superado en los últimos trimestres las expectativas de los analistas en más de una ocasión. Por eso el listón llega especialmente alto a esta jornada. Unas buenas cifras, por sí solas, no bastarán necesariamente. Los inversores quieren saber, sobre todo, de dónde procede el crecimiento y si puede sostenerse en el tiempo.
Google Cloud será clave
La división más importante a vigilar es Google Cloud. En el trimestre anterior, esta área creció un 63% interanual. Con ello, Google Cloud avanzó más rápido que otros grandes actores del negocio en la nube. También mejoró con fuerza su margen de beneficio.
Esto es clave para el relato de la IA. Si Google Cloud mantiene su crecimiento, Alphabet podrá demostrar que la demanda de infraestructura de IA, capacidad de cálculo y servicios empresariales basados en IA se está traduciendo realmente en ingresos.
La cartera de pedidos de Google Cloud rondaría ya los 460.000 millones de dólares. Ese dato alimenta la visión optimista. Alphabet podría tener asegurados años de ingresos futuros. Pero el mercado quiere comprobar a qué ritmo esa cartera se convierte en ingresos y beneficios reales.
El gasto en IA, bajo la lupa
La principal preocupación está en el lado de los costes. Alphabet prevé para 2026 unas inversiones de capital de entre 180.000 y 190.000 millones de dólares. Ese dinero se destinará sobre todo a centros de datos, chips y otra infraestructura de IA.
La cifra es enorme. En la fase anterior del ciclo alcista de la IA, este tipo de inversiones solía recibirse de forma positiva. Más gasto equivalía a más confianza en el futuro. Pero el mercado se ha vuelto más exigente.
Los inversores no quieren oír solo que Alphabet está gastando mucho dinero en IA. Quieren pruebas de que ese desembolso acabará traduciéndose en mayores márgenes, flujos de caja más sólidos y una posición competitiva defendible.
Dicho de otro modo, la IA no puede convertirse en una afición cara.
Gemini sigue siendo un punto sensible
Gemini también es importante. Google sigue siendo considerada una de las compañías con mayor conocimiento en IA del mundo. Al mismo tiempo, el mercado mantiene dudas sobre la velocidad y la ejecución de su despliegue.
Si Gemini vuelve a sufrir retrasos o muestra poca tracción comercial concreta, la acción podría verse presionada. Alphabet debe dejar claro que no solo construye infraestructura, sino que también desarrolla productos capaces de generar ingresos.
Esto se aplica a productos de consumo, herramientas de IA para empresas, aplicaciones en la nube y, posiblemente, a la integración de la IA en los anuncios de búsqueda.
El buscador sigue siendo el motor
Pese a toda la atención que acapara la IA, el buscador continúa siendo el núcleo de Alphabet. La maquinaria publicitaria de Google sigue siendo la principal fuente de beneficios de la compañía. Por eso, los inversores quieren garantías de que los resúmenes con IA en los resultados de búsqueda no presionarán los ingresos publicitarios tradicionales.
Es un riesgo sutil, pero importante. Si las respuestas generadas por IA hacen que los usuarios hagan menos clic en páginas web o vean menos anuncios, el modelo de negocio de Google podría verse afectado.
Al mismo tiempo, la IA también podría reforzar el buscador si Google logra combinar bien los anuncios con las respuestas generadas por IA. Hoy, el mercado escuchará sobre todo el tono de la dirección en este punto.
Los chips propios, una baza adicional
Otro factor son los chips de IA propios de Alphabet: las Tensor Processing Units. Google lleva años utilizándolos internamente, pero ahora también comercializa esta tecnología entre clientes externos. Esto puede cobrar importancia.
Si Alphabet no solo vende servicios de IA, sino que también logra explotar comercialmente su propia tecnología de chips, el relato de la IA gana una dimensión adicional. Google no dependería únicamente de hardware externo caro, sino que podría controlar una parte mayor de la cadena de la IA.
Eso podría convencer a los inversores de que Alphabet es algo más que una empresa que va a remolque de Nvidia y Microsoft.
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