La próxima fase de la inteligencia artificial no se desarrollará solo en los centros de datos. Cada vez se habla más de IA física: robots, fábricas inteligentes y sistemas capaces de comprender, dirigir y mejorar el mundo físico. Es el caso de los brazos robóticos en las líneas de producción, las cámaras con IA para el control de calidad o las simulaciones digitales de fábricas completas.
Según Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, al final “toda empresa industrial será una empresa robótica”.
En su opinión, la IA no se limitará al texto, el código y los chatbots. La tecnología se está desplazando hacia las fábricas, los almacenes, la producción de defensa y la logística.
Robots como respuesta a China
En Estados Unidos, la IA física se considera cada vez más una necesidad geopolítica.
La industria estadounidense se enfrenta a fábricas envejecidas, escasez de personal técnico y una cadena de producción de defensa debilitada. Al mismo tiempo, China cuenta con una industria manufacturera mucho mayor y mejor integrada.
Por eso crece en Washington la esperanza de que la IA y la robótica ayuden a Estados Unidos a reindustrializarse con mayor rapidez.
Chris Miller, historiador económico de la Universidad Tufts, lo ve como la única vía para que Estados Unidos vuelva a desempeñar un papel relevante en la producción: aplicar la IA con más eficacia que China.
Eso también explica el entusiasmo de los inversores. Las startups que ofrecen robots como servicio o utilizan IA para automatizar procesos productivos reciben valoraciones más propias de empresas de software que de la industria tradicional.
Hadrian como ejemplo
Un caso destacado es Hadrian. La compañía utiliza software de IA para controlar máquinas automatizadas en tareas como soldadura, fabricación y mecanizado. Con ello busca reducir la dependencia de un personal técnico cada vez más escaso.
Según su fundador, Chris Power, personas sin experiencia en producción pueden empezar a trabajar con los sistemas de Hadrian tras unos 30 días de formación.
Es un punto relevante, porque muchos pequeños proveedores de las industrias de defensa y aeroespacial dependen de propietarios y técnicos de mayor edad que se jubilarán pronto. Hadrian recaudó recientemente 1.370 millones de dólares con una valoración de casi 8.000 millones de dólares.
Promesa y riesgo
Con todo, la IA física no es una fórmula sencilla de éxito. Los robots en el mundo físico plantean retos mucho más complejos que la IA en el software. Un chatbot puede corregir un error; una línea de producción parada puede costar 100.000 dólares por minuto.
También faltan grandes conjuntos de datos sobre el mundo físico. A menudo se subestima la dificultad de tareas aparentemente simples, como recoger un objeto, doblarlo o ensamblarlo con precisión.
A ello se suma la cuestión laboral. Las empresas sostienen que los robots asumirán tareas monótonas y pesadas y crearán nuevos puestos. Los sindicatos temen, en cambio, que se automaticen las tareas de mayor valor y que los trabajadores acaben perdiendo poder.
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