El debate sobre la seguridad de la IA divide a las grandes figuras de Silicon Valley.

El consejero delegado de Meta, Mark Zuckerberg, se ha pronunciado contra la idea de frenar deliberadamente el desarrollo de la inteligencia artificial. Su postura lo acerca más al consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, que al CEO de Anthropic, Dario Amodei, y al máximo responsable de OpenAI, Sam Altman.

El centro del debate es si las empresas de IA deben levantar temporalmente el pie del acelerador porque la tecnología gana capacidad demasiado rápido. O si, por el contrario, deben seguir avanzando, porque la seguridad acabará convirtiéndose por sí sola en una ventaja competitiva clave.

Zuckerberg se sitúa en este segundo grupo.

La seguridad como ventaja competitiva

Según Zuckerberg, no es imprescindible que los Gobiernos frenen a las empresas de IA para que estas se tomen en serio la seguridad.

Su argumento es que las propias compañías afrontan importantes riesgos financieros y legales si sus modelos causan daños. Por eso, sostiene, ya tienen un fuerte incentivo para hacer que sus sistemas de IA sean seguros y fiables.

También señala que la confianza y la alineación, es decir, ajustar la IA a los valores humanos, son atributos cada vez más importantes para diferenciar unos modelos de otros.

Su posición, por tanto, es que la mejor IA no es solo la más inteligente. También es aquella que personas, empresas y Administraciones se atreven a utilizar.

Huang pide responsabilidad, no nuevas normas

Jensen Huang, de Nvidia, mantiene una postura similar. A su juicio, los desarrolladores de modelos de IA deben asumir la responsabilidad de sus productos, igual que ocurre en otros sectores. Considera innecesarias nuevas leyes destinadas a ralentizar deliberadamente el avance de la IA.

No es una postura sorprendente. Nvidia es la gran beneficiada del auge de la inteligencia artificial. Cuanto más rápido crecen los modelos de IA, mayor es la demanda de chips, centros de datos y capacidad de cálculo. Para Nvidia, una ralentización del desarrollo de la IA supone, por tanto, un riesgo directo para su relato de crecimiento.

Amodei y Altman, en cambio, alertan de los riesgos

En el lado contrario se sitúan Dario Amodei, de Anthropic, y Sam Altman, de OpenAI. Amodei pidió este fin de semana reducir el ritmo de desarrollo de los modelos de IA más potentes. Altman respaldó parcialmente esa idea y afirmó que la seguridad y la supervisión deben tener prioridad sobre las nuevas funciones.

Su preocupación es que la presión comercial pueda empujar a las empresas a avanzar demasiado deprisa. Nadie quiere quedarse atrás. Y precisamente por eso, sostienen, el sector podría asumir riesgos difíciles de corregir más adelante.

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