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Donald Trump confiaba el mes pasado en que el alto el fuego con Irán calmara el mercado del petróleo. El estrecho de Ormuz debía reabrirse, los buques tenían que volver y el crudo debía seguir fluyendo.

Esa estrategia ha quedado ya en entredicho. Estados Unidos vuelve a lanzar ataques casi a diario contra objetivos iraníes. Trump utiliza un tono duro y habla de “golpear con fuerza” a Irán, pero detrás de esa retórica gana peso una pregunta clave: ¿cuál es el objetivo final? Según el Financial Times, no existe una vía clara hacia la victoria.

Del programa nuclear a Ormuz

Al inicio del conflicto, el objetivo de Estados Unidos se centraba sobre todo en el programa nuclear de Irán, sus misiles y su red de influencia regional. Ahora, la guerra parece girar cada vez más en torno a una sola cuestión: el estrecho de Ormuz.

Eso plantea un problema. EE. UU. intenta restablecer el tránsito por esta ruta energética crucial, mientras Irán utiliza precisamente su control sobre el estrecho como instrumento de presión. Cada ataque contra la navegación provoca una represalia estadounidense, a la que Irán vuelve a responder. Así se forma un ciclo sin un final claro.

Escalar para desescalar

Trump parece apostar por que la presión militar acabe obligando a Irán a ceder. Pero esa estrategia tampoco funcionó de forma convincente en fases anteriores del conflicto. Los analistas advierten de que “escalar para desescalar” suele tener el efecto contrario. Irán puede seguir golpeando a aliados, tropas y buques estadounidenses con la esperanza de que Trump termine evitando una guerra prolongada.

Con ello, EE. UU. corre el riesgo de quedar atrapado en un conflicto que podría durar meses o incluso años. Es justo el escenario que Trump quería evitar en términos políticos.

El momento también es delicado. En noviembre se celebran las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Una guerra prolongada en Oriente Medio, con el petróleo al alza y la gasolina más cara, no es una combinación ideal para los republicanos.

El Brent ha subido alrededor de un 15% en una semana. Si ese encarecimiento se traslada a los precios de la gasolina en Estados Unidos, los votantes lo notarán directamente en el bolsillo. Eso convierte la guerra no solo en un riesgo militar y diplomático, sino también en un peligro político.

Olieprijs begint weer sterk op te lopen.
El precio del petróleo vuelve a subir con fuerza. Fuente: TradingView
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