Muchos inversores ven a Tesla y SpaceX como compañías de crecimiento caras. El gestor Christopher Tsai lo interpreta de otra manera. A su juicio, las empresas de Elon Musk pueden considerarse valores de inversión en valor, porque sus inversiones actuales deberían sentar las bases para beneficios mucho más elevados en el futuro.
Según Tsai, los inversores cometen un error clásico cuando se fijan solo en los beneficios y la valoración actuales. Las compañías que hoy destinan grandes sumas a invertir pueden presionar sus resultados a corto plazo. Sin embargo, esos mismos desembolsos pueden traducirse dentro de unos años en un fuerte aumento del valor empresarial.
Tsai cree que los inversores miran demasiado al presente
Tsai es presidente y director de inversiones de la gestora Tsai Capital. Su cartera incluye participaciones en empresas de Elon Musk, entre ellas Tesla. Su fondo también invierte en SpaceX, que no cotiza en bolsa.
Para el gestor, los inversores no deben preguntarse solo si una empresa es cara en este momento. Deben analizar, sobre todo, cómo podría ser la compañía dentro de cinco años.
“Hay que pensar en el escenario base, el escenario negativo y el escenario positivo a unos cinco años vista”, afirmó Tsai en una entrevista con MarketWatch. A partir de ese análisis, su fondo intenta determinar cuánto podría valer realmente una empresa.
Eso exige paciencia. Tesla, por ejemplo, invierte grandes cantidades en inteligencia artificial, tecnología de conducción autónoma y capacidad de computación. Ese tipo de inversiones reduce los beneficios actuales, mientras que sus posibles retornos quizá no se aprecien hasta varios años después.
Tsai lo compara con Amazon. La compañía mantuvo sus beneficios en niveles bajos durante años al reinvertir de forma constante en logística, tecnología y nuevos servicios. Con el tiempo, esas inversiones resultaron decisivas para la sólida posición que Amazon ocupa hoy.
Tesla financia su apuesta por la inteligencia artificial con los beneficios del negocio automovilístico
Tsai denomina su enfoque “Value Investing 4.0”. Con ello busca describir una forma moderna de inversión en valor. Los inversores en valor tradicionales suelen buscar empresas que parecen baratas en función de sus beneficios, activos o flujos de caja actuales.
Según él, ese enfoque no siempre funciona en las compañías tecnológicas modernas. Una empresa puede optar deliberadamente por ganar menos, porque reinvierte su capital en productos que más adelante podrían dirigirse a un mercado mucho mayor.
Para Tsai, una empresa debe cumplir cuatro condiciones. Debe contar con una ventaja de conocimiento difícil de replicar, ofrecer trabajo digital, ser capaz de sostenerse financieramente y reinvertir capital con una rentabilidad esperada elevada.
Tesla podría cumplir esas condiciones, según Tsai. Su rentable negocio de automóviles genera recursos con los que la compañía puede desarrollar tecnología. Entre esos proyectos figuran el sistema de computación Dojo y Full Self Driving, el software con el que Tesla aspira a hacer realidad vehículos plenamente autónomos.
También SpaceX cuenta, a juicio de Tsai, con una sólida posición competitiva. La compañía aeroespacial ha invertido durante años en cohetes reutilizables, satélites e infraestructura de lanzamiento. Por ello, los nuevos competidores tendrían que gastar cantidades enormes antes de alcanzar una escala comparable.
“Son empresas que van por delante y que, en nuestra opinión, crearán muchísimo valor”, señaló Tsai. “Muchos no lo ven porque se centran sobre todo en el corto plazo”.
El gestor advierte de que la probabilidad de éxito sigue siendo baja
Esta visión optimista no significa que cualquier empresa que invierta en inteligencia artificial sea automáticamente una buena inversión. Tsai estima que la probabilidad de que compañías concretas dentro de la inteligencia artificial y los vehículos inteligentes alcancen un éxito real se sitúa apenas entre el 1% y el 5%.
Por eso, su fondo intenta ser extremadamente selectivo. La cartera está compuesta por catorce empresas que, según Tsai, cuentan con ventajas competitivas claras.
Entre ellas se encuentran Amazon, Alphabet y Microsoft. Estas compañías proporcionan una parte importante de la infraestructura global en la nube. Según Tsai, pueden beneficiarse del crecimiento de la inteligencia artificial, con independencia de qué empresa acabe desarrollando las principales aplicaciones.
“Gane quien gane la carrera de la inteligencia artificial, cada vez pasarán más datos, tráfico y capacidad de computación por estos tres proveedores de nube”, afirmó.
Tsai también invierte en empresas menos asociadas de forma directa con la inteligencia artificial. Así, mantiene su apuesta por la compañía de materiales de construcción QXO, pese a una fuerte caída de la cotización. Espera que su consejero delegado, Brad Jacobs, se tome años para seguir desarrollando la empresa.
También incorporó a la cartera la firma de datos inmobiliarios CoStar Group. Tsai considera que el amplio volumen de datos inmobiliarios propios de CoStar es difícil de reconstruir mediante inteligencia artificial. Además, contempla varios desenlaces posibles. La empresa puede hacer rentable su plataforma residencial Homes.com, pero también podría decidir reducir su actividad si las pérdidas siguen siendo demasiado elevadas.
El enfoque de Tsai, por tanto, no gira en torno a empresas que parecen baratas según los criterios tradicionales. Busca compañías cuyos gastos actuales presionan los beneficios, pero que al mismo tiempo pueden generar una ventaja difícil de alcanzar por sus competidores.
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