Donald Trump no se arrepiente de haber iniciado la guerra con Irán. En una entrevista con Fox News, el presidente estadounidense afirmó que haría “exactamente lo mismo” si tuviera que tomar de nuevo la decisión. Según Trump, la intervención era necesaria porque, de lo contrario, Irán podría haber desarrollado un arma nuclear.

Con ello asume de forma consciente un importante riesgo político de cara a las elecciones de mitad de mandato. Pero su mensaje también es relevante para los mercados financieros: la guerra, por ahora, no parece estar cerca de quedar atrás.

El mercado descuenta una guerra más larga

Las declaraciones de Trump llegan en un momento en que los inversores se preparan cada vez más para un conflicto prolongado. Según CNBC, altos asesores de la Casa Blanca incluso han planteado a Trump que la guerra podría extenderse más allá de su mandato actual.

Esto choca con la propia promesa de Trump de que la guerra terminará pronto. El presidente insiste en que el conflicto se resolverá después de las elecciones y que, a partir de entonces, los precios del petróleo y el gas bajarán.

Para los mercados, la situación es complicada. Mientras la guerra continúe, la prima geopolítica seguirá incorporada al precio del petróleo. Y mientras la energía siga cara, la presión inflacionista se mantendrá elevada. Eso complica mucho la tarea de la Reserva Federal estadounidense.

Aumenta la presión económica

Mientras tanto, Washington intenta aislar aún más a Irán de la financiación internacional.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que el lunes se impondrán sanciones contra “un gran banco”. Anteriormente, ya se habrían cerrado sucursales en Dubái de un banco egipcio, porque, según el Gobierno estadounidense, habría facilitado fondos a Irán.

También se habría actuado contra un gran banco turco. La estrategia es clara: mantener la presión militar, aislar económicamente a Irán y agotar sus recursos financieros.

Trump señaló que no sabe cuánto tiempo más podrá resistir Irán, pero reiteró que, a su juicio, la cuestión se resolverá después de las elecciones.

Riesgo para el petróleo, los tipos y la bolsa

Para los inversores, el momento es especialmente delicado. El precio del petróleo ya está sometido a presión alcista, mientras Wall Street se prepara para unos datos de inflación clave y una decisión de tipos de la Reserva Federal.

Si los precios de la energía se mantienen elevados, a la Fed le resultará más difícil justificar que no suba los tipos. Al mismo tiempo, unos tipos más altos golpean sobre todo al consumidor estadounidense, al mercado inmobiliario y a las empresas dependientes de financiación barata.

Ese es precisamente el problema. La guerra aumenta la presión inflacionista justo cuando la economía es cada vez más vulnerable a tipos de interés más altos.

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