Los bonos vuelven a resultar atractivos para los inversores que buscan una rentabilidad estable. Tras años en los que la deuda pública apenas ofrecía rendimiento, algunos bonos ya ofrecen una rentabilidad cercana al cuatro por ciento. Esto abre nuevas oportunidades, incluso si los tipos de interés siguen subiendo. Pero una posible bajada de tipos podría aportar una rentabilidad adicional.

Los bonos vuelven a ofrecer rentabilidades atractivas

La subida de los tipos de interés ha transformado el mercado de bonos. Los inversores vuelven a obtener una remuneración considerable por prestar dinero a Estados y empresas. Así, los bonos ganan atractivo como alternativa a los depósitos y a inversiones de mayor riesgo, como las acciones.

Sin embargo, la evolución de los tipos de interés del mercado sigue siendo clave. Cuando suben, el precio de los bonos en circulación suele caer. Las nuevas emisiones ofrecen una remuneración mayor, lo que resta atractivo a los bonos emitidos anteriormente.

Eso no implica necesariamente que los inversores sufran pérdidas. Los intereses cobrados pueden compensar parte de la caída del precio. El alcance de ese efecto depende, entre otros factores, del plazo de vencimiento y de la sensibilidad del bono a los tipos de interés.

Cómo una bajada de tipos puede generar una rentabilidad del 9 por ciento

Un ejemplo numérico permite entender cómo funciona. Supongamos que un bono ofrece una rentabilidad anual del cuatro por ciento y tiene una duración de cinco años. La duración mide la sensibilidad del precio del bono a las variaciones de los tipos de interés.

Si los tipos de mercado suben medio punto porcentual, se estima que el precio del bono caerá alrededor de un dos y medio por ciento. Los intereses del cuatro por ciento pueden compensar esa pérdida. En este cálculo simplificado, la rentabilidad seguiría siendo positiva, de aproximadamente un uno y medio por ciento.

Si, por el contrario, los tipos bajan un punto porcentual, el precio del bono podría subir alrededor de un cinco por ciento. Sumado a los intereses, la rentabilidad total podría alcanzar el nueve por ciento. Se trata de un ejemplo teórico, no de una rentabilidad garantizada.

La inflación y la deuda pública siguen siendo un riesgo

Que los bonos se beneficien de una bajada de tipos depende en gran medida de la evolución de la economía. Una moderación de la inflación puede dar margen a los bancos centrales para recortar los tipos. Si la inflación persiste, esos recortes podrían tardar más en llegar.

Además, el aumento de los déficits públicos genera incertidumbre. Los Estados podrían verse obligados a emitir más deuda para financiar sus gastos. Ese incremento de la oferta puede elevar los tipos de interés del mercado y presionar a la baja el precio de los bonos en circulación.

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