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Nvidia anunció el lunes una noticia que, sobre el papel, suena extremadamente alcista. El gigante de los chips trabaja en un paquete de financiación de 500.000 millones de dólares junto a grandes nombres como Apollo, Blackstone, BlackRock, Brookfield, Goldman Sachs y KKR. El objetivo es financiar centros de datos, infraestructuras energéticas y chips de Nvidia para clientes que quieren participar en el auge de la inteligencia artificial.

Aun así, las acciones de Nvidia cayeron más de un 2%, hasta unos 218 dólares. Puede parecer extraño. Pero precisamente esa reacción bursátil resume lo más importante de la noticia.

Nvidia cae un 2% pese a un gran acuerdo en Wall Street
Nvidia cae un 2% pese a un gran acuerdo en Wall Street. Fuente: TradingView

Nvidia financia su propia demanda

Nvidia vende los chips que hacen posible la revolución de la inteligencia artificial. Ahora, la compañía también ayuda a captar el dinero con el que sus clientes pueden comprarlos. Es una jugada estratégicamente inteligente, pero también plantea dudas.

Si Nvidia ayuda a financiar a sus clientes, esos clientes pueden adquirir después hardware de Nvidia. Así se crea un circuito: el capital llega a los clientes mediante financiación y vuelve luego a Nvidia en forma de pedidos de chips.

Sus defensores lo ven como una forma de acelerar el despliegue de la infraestructura de inteligencia artificial. Sus críticos lo consideran financiación circular. El problema es que así resulta más difícil medir la demanda real. ¿Compran los clientes chips de Nvidia porque su valor económico es evidente, o porque Nvidia y Wall Street ponen la financiación sobre la mesa?

El mercado recuerda la burbuja puntocom

Esa duda explica por qué los inversores no se lanzaron a comprar tras el anuncio. El mercado ya conoce este patrón. A finales de los años noventa, empresas de telecomunicaciones como Lucent y Nortel financiaban a sus propios clientes. Sus carteras de pedidos parecían impresionantes. Pero cuando estalló la burbuja puntocom, muchas de aquellas financiaciones resultaron frágiles y las acciones se desplomaron.

Nadie afirma que Nvidia vaya a correr la misma suerte. Pero la comparación basta para poner nerviosos a los inversores.

Más aún porque el ciclo de la inteligencia artificial ya exige enormes cantidades de capital. Las grandes tecnológicas gastan cientos de miles de millones en centros de datos, chips y energía. Mientras tanto, las agencias de calificación advierten de que esas inversiones presionan el flujo de caja libre y podrían requerir más deuda.

Los alcistas mantienen la confianza

Aun así, Wall Street sigue mostrando un optimismo notable. De los 37 analistas que cubren Nvidia, 36 mantienen una recomendación de compra. El precio objetivo medio ronda los 308 dólares, muy por encima de la cotización actual.

Wall Street mantiene el optimismo sobre las acciones de Nvidia
Precios objetivo de los analistas para Nvidia. Fuente: TipRanks

La tesis alcista es sencilla. La demanda de capacidad de cálculo para inteligencia artificial sigue superando a la oferta. Nvidia cuenta con el hardware dominante, los clientes necesitan capacidad y compañías como SpaceX siguen apostando de forma explícita por las nuevas arquitecturas de Nvidia.

Además, el acuerdo de financiación podría convertirse precisamente en una gran ventaja. Si Nvidia transforma los chips de inteligencia artificial en una clase de infraestructura invertible, el auge de la IA podría prolongarse más de lo que ahora espera el mercado.

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