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Los ordenadores cuánticos se consideran desde hace años uno de los grandes retos futuros para Bitcoin (BTC). Cuando alcancen la potencia suficiente, podrían romper la criptografía que sostiene la red.

Según Eli Ben-Sasson, cofundador de la empresa de blockchain StarkWare, ya empieza a perfilarse una solución que no solo podría reforzar la protección de Bitcoin, sino también abordar uno de sus principales problemas de escalabilidad.

Se trata de los llamados ZK-STARK, una técnica que permite agrupar grandes volúmenes de transacciones en una única prueba criptográfica compacta. Ben-Sasson sostiene que esto haría a Bitcoin más resistente frente a futuros ataques cuánticos sin obligar a la red a sacrificar capacidad.

Firmas más grandes reducen la capacidad

Bitcoin utiliza firmas digitales para demostrar que una persona es propietaria de sus bitcoins y puede realizar transacciones. La criptografía actual se considera segura, pero los investigadores prevén que, con el tiempo, los ordenadores cuánticos más potentes puedan vulnerar esa protección.

Por eso se trabaja en todo el mundo en la criptografía poscuántica. El inconveniente es que las nuevas firmas digitales son mucho más grandes que las que utiliza actualmente Bitcoin. Como consecuencia, caben menos transacciones en cada bloque, lo que limita la capacidad de la red.

Según Ben-Sasson, los ZK-STARK podrían resolver parcialmente ese problema. En lugar de almacenar miles de firmas individuales en la blockchain, una única prueba criptográfica puede demostrar que todas esas transacciones son válidas.

«Si no se permite la agregación mediante ZK-STARK, no se resuelve el verdadero problema: si, en última instancia, todo el mundo podrá usar Bitcoin», afirmó Ben-Sasson.

También asegura que conocidos desarrolladores de Bitcoin, entre ellos Adam Back y Luke Dashjr, ven con buenos ojos esta tecnología.

El consenso sigue siendo el mayor desafío

Ben-Sasson es cofundador de StarkWare, una empresa dedicada al desarrollo de tecnología ZK-STARK. Sus declaraciones proceden, por tanto, de una parte directamente implicada en esta tecnología.

Según varios investigadores, la criptografía que sustenta los ZK-STARK ya ha alcanzado un grado suficiente de madurez. El principal reto está ahora en su adopción dentro del propio Bitcoin. Para ello habría que modificar el software, algo que requiere un amplio respaldo dentro de la comunidad de Bitcoin.

Una alternativa sería aumentar el tamaño de los bloques para procesar más transacciones al mismo tiempo. Sin embargo, se trata de una cuestión delicada desde hace años. En 2017, un debate similar acabó desembocando en la escisión de Bitcoin Cash.

Otras blockchains ya se preparan

Mientras Bitcoin sigue debatiendo cuál es el mejor enfoque, otras redes blockchain ya trabajan en mecanismos de seguridad poscuántica.

Ethereum apunta, según los planes actuales, a una migración en torno a 2029. Solana también estudia nuevas formas de criptografía resistente a la computación cuántica.

En el caso de Bitcoin, los expertos creen que una eventual transición probablemente no será viable hasta la década de 2030. No porque falte la tecnología, sino porque los grandes cambios en la red solo se aplican cuando existe un amplio consenso. La cuestión, por tanto, no es solo qué solución es la mejor, sino también con qué rapidez podrá ponerse de acuerdo la comunidad de Bitcoin.

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