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Los rendimientos de la deuda estadounidense bajaron ligeramente el viernes, después de que la rentabilidad del bono a 10 años alcanzara de forma momentánea la víspera su nivel más alto desde enero de 2025.

La rentabilidad de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a diez años retrocedió hasta alrededor del 4,68%, tras superar el jueves el 4,70%. También cedió ligeramente el rendimiento a 2 años, más sensible a las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal, hasta situarse en torno al 4,33%.

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La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años retrocede ligeramente desde su máximo. Fuente: TradingView

A primera vista parece una pausa, pero el mercado de bonos sigue bajo presión. Los inversores valoran una combinación de precios del petróleo más altos, repunte de la inflación y aumento de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio.

El petróleo reaviva el temor a la inflación

La subida del Brent por encima de los 100 dólares por barril ha vuelto a alterar el panorama de los tipos. La semana pasada, los inversores encontraron cierto alivio en unos datos de IPC e IPP en Estados Unidos más bajos de lo previsto. Con ello, parecía reducirse la probabilidad de una subida de tipos por parte de la Reserva Federal.

Pero un petróleo por encima de los 100 dólares vuelve mucho más frágil ese relato. El encarecimiento de la energía puede trasladarse de nuevo a los costes de transporte, los costes de producción, los precios de los alimentos y las expectativas de inflación. Eso podría dejar a la Reserva Federal con menos margen para adoptar una postura más flexible.

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El precio del petróleo superó brevemente esta semana los 100 dólares por barril. Fuente: TradingView

Eso explica por qué la rentabilidad a 10 años superó el jueves el 4,70%. El mercado vuelve a contemplar un escenario en el que la inflación se mantiene persistente durante más tiempo y la Fed conserva los tipos elevados durante más tiempo, o incluso vuelve a subirlos.

Trump amenaza con un “ataque gigantesco”

A ello se suma el deterioro de la situación geopolítica. El presidente Donald Trump dijo a Axios que tomará pronto una decisión sobre un posible “ataque gigantesco” contra Irán. Según Trump, los ataques serían mayores que todo lo visto hasta ahora en la guerra.

También afirmó que Irán aún no ha sentido “suficiente dolor”. Es un mensaje contundente. Estados Unidos lleva ya casi dos semanas atacando objetivos iraníes. La pasada noche, el U.S. Central Command completó la decimotercera noche consecutiva de bombardeos.

Con ello, la posibilidad de una rápida desescalada parece reducirse aún más. Para el mercado, esto es especialmente relevante porque el conflicto se acerca cada vez más al suministro energético mundial. Tras los ataques a petroleros saudíes en el mar Rojo y las amenazas en torno al estrecho de Ormuz, el precio del petróleo se convierte en el principal vínculo entre la geopolítica y los mercados financieros.

Un mercado laboral sólido no ayuda a la Fed

El mercado laboral estadounidense tampoco ofreció un argumento claro a favor de una relajación monetaria. Las solicitudes semanales de subsidio por desempleo se situaron en 187.000, frente a las 212.000 previstas por los economistas. El dato apunta a un mercado laboral que sigue siendo más fuerte de lo esperado.

Para los inversores, la lectura es ambivalente. Un mercado laboral sólido reduce la probabilidad de una recesión rápida. Pero también dificulta que la Reserva Federal justifique recortes de tipos, sobre todo si, al mismo tiempo, el petróleo empuja al alza las expectativas de inflación.

La economía, por tanto, aún no está lo bastante débil como para obligar a la Fed a relajar su política, mientras que el petróleo ofrece precisamente un motivo para mantener la cautela.

Clave para la Bolsa y la IA

Los tipos altos afectan a todo el mercado, pero especialmente a los sectores de crecimiento con valoraciones exigentes, como la tecnología y la inteligencia artificial. En los últimos días ya se ha visto que los inversores son más exigentes con las enormes inversiones de los grandes proveedores de nube. Alphabet elevó sus previsiones de gasto de capital, mientras el mercado reclama pruebas de que las inversiones en IA se traducen en beneficios, márgenes y flujo de caja libre.

Si la rentabilidad a 10 años se mantiene cerca del 4,70%, el listón sube. Los beneficios futuros valen menos, la financiación se encarece y las empresas deben demostrar con más claridad que sus inversiones generan una rentabilidad suficiente. Esa combinación de petróleo por encima de 100 dólares y tipos al alza es lo que hace tan peligrosa la apuesta por la IA.

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