Jeff Booth intentó llevar Bitcoin (BTC) hasta el límite con un ejercicio mental: encontrar la forma de destruirlo. El empresario, inversor y autor canadiense de The Price of Tomorrow afirma que dedicó unas 15.000 horas a analizar cómo podía fracasar Bitcoin. Tras contemplar todos esos escenarios, su conclusión fue tan sencilla como contundente: no logró romper la red.

De hecho, el intento reforzó aún más su convicción. Según Booth, el eslabón débil no era el código, sino sus propias suposiciones sobre lo que era posible.

Primero escéptico, después convencido

Booth no empezó como un defensor de Bitcoin. Durante años creó empresas tecnológicas y, al principio, se fijó sobre todo en los riesgos. Su principal duda no estaba en las matemáticas que sustentan Bitcoin, sino en si la red podría resistir a adversarios con mucho poder.

Por ejemplo, gobiernos, grandes mineros u otros actores con dinero e influencia suficientes para atacar Bitcoin. Por eso empezó a poner a prueba el sistema, tanto en su cabeza como en la práctica. Ejecutó un nodo, estudió los vectores de ataque y trató de modelizar cómo podría apagarse Bitcoin.

Pero, según él, todos los ataques chocaban contra el mismo muro. Cada diez minutos se añadía un nuevo bloque.

Por qué Bitcoin resistió

Para Booth, la fortaleza de Bitcoin reside en la combinación de energía, descentralización y reglas sencillas. La red no intenta hacerlo todo. Hace una sola cosa: proteger la escasez digital sin una entidad central.

Eso hace que Bitcoin sea, en su opinión, comparable a los primeros protocolos de internet. Eran limitados y robustos, lo que permitía a cualquiera construir sobre ellos sin pedir permiso. La cotización puede moverse a diario, pero las reglas básicas siguen siendo las mismas.

Bitcoin cotiza actualmente en torno a los 63.000 dólares, aproximadamente un 50% por debajo de su máximo histórico. Pero, según Booth, eso dice poco sobre la seguridad de la red. El precio y la fortaleza de la red son dos cosas distintas.

Los riesgos siguen existiendo

Aun así, Booth no considera que Bitcoin sea perfecto. Ve riesgos sobre todo en los pools de minería y en la concentración del software. Si demasiados bloques son producidos por un número reducido de pools, pueden surgir dudas sobre la centralización. Además, gran parte de los nodos funciona con Bitcoin Core, por lo que un cliente de software dominante sigue siendo relevante.

La industria minera también está bajo presión. Algunos mineros producen Bitcoin con costes superiores al precio de mercado. Al mismo tiempo, varios actores están desviando potencia de cálculo hacia centros de datos de inteligencia artificial, donde podrían obtener mayores ingresos.

Eso puede generar tensiones a corto plazo. Para Booth, no se trata de una debilidad, sino de una parte del sistema. Los mineros ineficientes desaparecen y el mercado redistribuye el capital.

El factor humano sigue siendo el mayor riesgo

Los ataques técnicos, por tanto, no convencieron a Booth. La verdadera vulnerabilidad está, según él, en las personas. Bitcoin solo fracasará si los usuarios eligen colectivamente el sistema antiguo y dejan de construir, ahorrar y realizar transacciones a través de una red monetaria abierta.

Es un tipo de riesgo distinto al de un fallo de código o un hackeo. Por eso, su conclusión sigue siendo alcista. A su juicio, una mayor adopción es inevitable; lo incierto es el calendario.

Para los inversores, esa es la clave. Bitcoin puede caer, los mineros pueden verse presionados y los conflictos de gobernanza pueden intensificarse. Pero mientras sigan llegando bloques, la red seguirá haciendo aquello para lo que fue diseñada.

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