Francia atraviesa graves dificultades financieras. La deuda pública sigue aumentando, los inversores pierden confianza y el Estado debe destinar decenas de miles de millones de euros al pago de intereses. Esto también eleva el riesgo para otros países europeos, entre ellos los Países Bajos. ¿Hasta qué punto es grave la situación? ¿Hay motivos para temer una nueva crisis de deuda en Europa? Cinco preguntas y respuestas.

1. ¿Qué dimensión tienen los problemas financieros de Francia?

El Estado francés lleva décadas gastando más de lo que ingresa. El país no registra un superávit presupuestario desde 1974 y su deuda pública ya asciende a 3,6 billones de euros.

La cifra equivale al 119 por ciento del producto interior bruto (PIB), que mide el tamaño de la economía francesa.

Francia supera así con creces los límites de las reglas fiscales europeas. En la eurozona, la deuda pública no debe rebasar el 60 por ciento del PIB y el déficit presupuestario anual no puede superar el 3 por ciento.

Francia incumple ambos límites. El año pasado, el déficit presupuestario fue del 5,1 por ciento del PIB, frente al 1,6 por ciento de los Países Bajos.

Incluso Italia y Grecia, países que durante años destacaron por sus problemas financieros, registraron el año pasado un déficit presupuestario menor.

Francia no es el único país con dificultades en sus cuentas públicas. Bélgica también afronta graves problemas: su déficit presupuestario supera este año el 5 por ciento y su deuda pública ronda el 110 por ciento del PIB.

Sin embargo, los inversores están especialmente preocupados por Francia, la segunda economía de la eurozona después de Alemania. Por ello, los problemas de París pueden tener consecuencias mucho mayores para el resto de Europa.

2. ¿Siguen confiando los inversores en Francia?

Esa confianza se deteriora cada vez más. Se prevé que Francia pague este año unos 60.000 millones de euros en intereses por su deuda pública.

Son recursos que el Estado no puede destinar a educación, sanidad o infraestructuras, entre otras partidas.

Mientras tanto, los inversores exigen una rentabilidad cada vez mayor para prestar dinero a Francia. Según RTL Nieuws, el rendimiento de los bonos del Estado francés a diez años ya roza el 5 por ciento.

Se sitúa incluso por encima del que pagan Italia y Grecia.

La diferencia con Alemania resulta especialmente llamativa. Los bonos del Estado alemán suelen considerarse una de las inversiones más seguras de la eurozona.

Durante los últimos quince años, Francia ha pagado habitualmente entre 0,25 y 0,75 puntos porcentuales más de interés que Alemania. Ahora, ese diferencial ha aumentado hasta unos 1,4 puntos porcentuales.

Puede parecer una diferencia pequeña, pero aplicada a una deuda tan elevada supone cantidades enormes.

Por cada 1.000 millones de euros que toma prestados, Francia paga unos 14 millones de euros más al año en intereses que Alemania.

Además, las necesidades de financiación del Estado francés son elevadas. Solo el próximo año, se prevé que tenga que pedir prestados unos 340.000 millones de euros.

Esto no significa, sin embargo, que Francia esté al borde de la quiebra. Por ahora, el país puede seguir cumpliendo sus obligaciones financieras y los inversores aún están dispuestos a prestarle dinero.

La incertidumbre se concentra en el futuro. Si los tipos de interés siguen subiendo, refinanciar la deuda existente con nuevos préstamos será cada vez más caro.

3. ¿Por qué Francia no consigue reducir su deuda?

El principal obstáculo es político.

Para sanear sus cuentas públicas, Francia necesita reducir el gasto, aumentar la recaudación fiscal o combinar ambas medidas.

Pero hacerlo está resultando especialmente difícil.

La carga fiscal ya se encuentra entre las más altas de Europa. Al mismo tiempo, los recortes suelen provocar un fuerte rechazo social.

Las reformas anteriores desencadenaron grandes protestas, entre ellas las movilizaciones de los chalecos amarillos. Esto ha obligado a los gobiernos franceses a dar marcha atrás en varias ocasiones.

El sistema de pensiones plantea un reto especialmente importante.

A diferencia de lo que ocurre en los Países Bajos, las pensiones de los funcionarios franceses se pagan directamente con los ingresos fiscales. El envejecimiento de la población eleva cada vez más este gasto.

La edad de jubilación en Francia está pasando de los 62 a los 64 años, pero la medida es muy impopular.

De cara a las elecciones presidenciales de 2027, varios partidos políticos proponen volver a rebajar la edad de jubilación.

Marine Le Pen defiende regresar a los 62 años. El político de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon propone reducirla aún más, hasta los 60.

A ello se suma otro problema: la economía francesa apenas crece.

El año pasado, el crecimiento económico no alcanzó el 1 por ciento. Para 2026 y 2027 también se prevén tasas inferiores al 1 por ciento.

Esto dificulta la reducción de la deuda. Cuando la economía apenas crece, los ingresos fiscales también aumentan poco.

Al mismo tiempo, sube el coste de los intereses. Francia corre así el riesgo de tener que endeudarse cada vez más para atender sus obligaciones existentes.

4. ¿Cómo afecta la deuda francesa a los Países Bajos?

Por ahora, los problemas se notan sobre todo en Francia. Sin embargo, los Países Bajos también podrían acabar sufriendo sus consecuencias.

Según Durk Veenstra, comentarista bursátil de RTL Z, los tipos de interés están subiendo en todo el mundo, pero en Francia lo hacen mucho más rápido que en otros países.

El Estado francés podría llegar a gastar el próximo año más en intereses que en educación y defensa.

El riesgo es que Francia entre en un círculo vicioso: el aumento del gasto en intereses agranda el déficit presupuestario y obliga al país a endeudarse aún más.

Si esto erosiona todavía más la confianza de los inversores, los tipos de interés podrían seguir subiendo.

En el peor de los casos, podría producirse una situación similar a la crisis de deuda europea de 2010.

Entonces, Grecia dejó de poder hacer frente a su deuda por sí sola. Los demás países del euro y el Banco Central Europeo (BCE) tuvieron que intervenir para evitar su quiebra.

Pero hay una diferencia importante.

En aquel momento, la deuda pública griega rondaba los 300.000 millones de euros. La deuda actual de Francia es unas doce veces mayor.

Por tanto, un eventual rescate sería mucho más complejo y costoso.

No obstante, RTL Nieuws subraya que la situación financiera de Francia está lejos de ser tan grave como la de Grecia durante la crisis de 2010.

Entonces, el diferencial entre los bonos griegos y alemanes llegó a unos 10 puntos porcentuales. El de Francia, de 1,4 puntos, sigue muy por debajo.

Aun así, un mayor deterioro también podría afectar a los Países Bajos.

Si los países europeos tuvieran que intervenir conjuntamente, podrían pedir al Gobierno neerlandés que aportase fondos.

Además, una subida de los tipos de interés en los mercados financieros europeos también podría afectar a los hogares y las empresas neerlandesas, por ejemplo, con hipotecas y préstamos más caros.

El Gobierno neerlandés también sufre el encarecimiento de los intereses. Según RTL Nieuws, el coste adicional para las arcas públicas asciende a 12.000 millones de euros.

5. ¿Rescatará el Banco Central Europeo a Francia?

Hans de Geus, comentarista bursátil de RTL Z, considera improbable que Francia llegue a declararse en quiebra.

A su juicio, el Banco Central Europeo acabará interviniendo si la situación financiera se descontrola.

Una opción sería comprar bonos del Estado francés para tratar de reducir los tipos de interés y recuperar la confianza de los inversores.

Sin embargo, De Geus no cree que el BCE anuncie de antemano que Francia puede contar con su apoyo.

Según explica, el BCE evitará decirlo públicamente, porque los gobiernos darían esa ayuda por segura y tendrían aún menos incentivos para mantener bajo control sus cuentas públicas.

Su argumento apunta a un problema importante de la eurozona.

Cuando los países confían en que el banco central acabará rescatándolos, disminuye la presión para que saneen sus presupuestos por sí mismos.

Esto también podría llevar a otros gobiernos europeos a relajar la disciplina del gasto.

Además, la intervención del BCE no está garantizada. El banco central debe respetar las normas europeas y no puede comprar deuda pública de forma ilimitada para resolver los problemas presupuestarios de países concretos.

Si Francia acabara necesitando ayuda financiera de otros países del euro, también podrían pedir a los Países Bajos que contribuyesen.

Como ocurrió durante la crisis de deuda griega, existiría el riesgo de que no se recuperase todo el dinero prestado.

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