La revolución de la IA está ampliando aún más la brecha económica entre Estados Unidos y Europa. Según las previsiones de Oxford Economics, la inversión empresarial estadounidense en nuevos equipos e instalaciones aumentará un 40% en términos reales entre 2021 y finales del próximo año. En la zona euro, el avance se limitará al 12%.

Estados Unidos invierte mucho más en IA que Europa. Fuente: FT

A Alemania le va aún peor. Allí, se espera que la inversión empresarial apenas haya crecido en ese mismo periodo. Es un problema serio para Europa, porque la IA no depende solo de software y modelos. También requiere centros de datos, chips, infraestructura energética, capacidad en la nube y equipos de producción modernos.

Estados Unidos construye, Europa mira

La ola inversora en Estados Unidos está impulsada sobre todo por la inteligencia artificial. Google, Meta, Microsoft y Amazon van camino de invertir conjuntamente más de 725.000 millones de dólares en 2026. Buena parte de ese dinero se destinará a infraestructura de IA.

Con ello, Estados Unidos está levantando a gran velocidad la base física de la próxima fase económica. Europa ya iba rezagada en inversión tecnológica antes de que ChatGPT acelerara la carrera de la IA a finales de 2022. Desde entonces, la distancia parece haberse ampliado aún más.

El expresidente del BCE Mario Draghi ya advirtió en 2024 de que Europa necesitaba una ola de inversión sin precedentes en digitalización, sostenibilidad y defensa. A su juicio, el esfuerzo inversor debía acercarse a niveles no vistos desde las décadas de 1960 y 1970.

La brecha de productividad también se ensancha

La falta de inversión también se refleja en la productividad. Según el profesor Bart van Ark, el PIB por hora trabajada en Estados Unidos aumentó en 14 dólares entre 2018 y 2025. En Europa, el incremento fue de solo 2 dólares.

La diferencia no se limita a las grandes tecnológicas. Sectores como el comercio mayorista, el minorista y los servicios profesionales también muestran un mejor comportamiento en Estados Unidos. Esto sugiere que las empresas estadounidenses incorporan las nuevas tecnologías con más rapidez a la economía real.

Ahí puede estar el mayor problema de Europa. El continente cuenta con conocimiento, universidades y empresas sólidas, pero la innovación no llega con suficiente rapidez a una adopción generalizada.

La regulación y la cautela frenan a Europa

Europa ha optado en los últimos años por normas más estrictas para la IA. La Ley de IA de 2024 se presentó como el primer marco legal para la inteligencia artificial. Puede aportar confianza, pero los críticos advierten de que una regulación demasiado pesada puede frenar la innovación y la inversión.

Emmanuel Macron ya señaló que Europa regula demasiado e invierte demasiado poco. Al mismo tiempo, la ventaja estadounidense no está exenta de riesgos. Si las inversiones en IA acaban generando una rentabilidad insuficiente, Estados Unidos podría quedar expuesto a una dolorosa corrección inversora. El Banco de Pagos Internacionales ya ha advertido de ello.

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