El Gobierno de Trump aumenta la presión sobre Irán. El lunes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un nuevo plan de sanciones bajo el nombre de “Operation Economic Outcast”.
El objetivo es aislar económicamente a Irán, no solo golpeando a Teherán, sino también a los países, empresas e instituciones financieras que sostienen la economía iraní.
Con ello, la guerra vuelve a ampliarse. Ya no están en el centro únicamente los objetivos militares y la infraestructura petrolera, sino también los bancos, el transporte marítimo, la aviación, el oro, la tecnología e incluso los activos digitales.
Las sanciones secundarias se convierten en arma
El eje del plan son las sanciones secundarias. Esto significa que Estados Unidos no solo castiga a Irán, sino también a quienes sigan haciendo negocios con el país. Bessent afirmó que cualquier parte que ayude a blanquear dinero iraní puede quedar excluida del sistema del dólar.
Las sanciones aún no se han impuesto de forma inmediata. Washington quiere enviar primero a cada país calendarios específicos para reducir sus actividades con Irán. Pero la amenaza es contundente. Según Bessent, Estados Unidos pretende cortar todas las vías económicas que mantienen en pie al régimen iraní.
Entre ellas citó a los actores que compran o transportan petróleo iraní, facilitan transacciones financieras, aceptan vuelos iraníes o participan en trasbordos en alta mar.
China será la prueba clave
La gran pregunta es qué implica esto para China. Pekín es el principal socio comercial de Irán y desempeña un papel importante en la salida del petróleo iraní. Al mismo tiempo, Estados Unidos y China llevan meses intentando preservar una frágil tregua comercial.
Trump y Xi Jinping hablaron a comienzos de año en Pekín, y se espera que Xi visite Washington más adelante en septiembre. Aun así, Bessent sugirió que China no recibirá una exención. Si bancos o empresas chinas forman parte del sistema que convierte el petróleo iraní en dinero, podrían convertirse, según él, en objetivo de las sanciones estadounidenses.
Esto convierte la situación en un polvorín geopolítico. Una ofensiva dura de Estados Unidos contra actores chinos podría volver a tensionar la relación comercial entre Washington y Pekín.
Ormuz sigue siendo la palanca de Irán
La nueva ofensiva económica llega cuando la guerra contra Irán se acerca a los seis meses. El frágil alto el fuego de junio ha quedado en gran medida diluido y no se vislumbra un desenlace militar o diplomático claro. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue siendo una importante herramienta de poder para Irán.

La ruta petrolera clave continúa registrando mucha menos actividad que antes de la guerra. Eso significa que Irán, pese a la fuerte presión militar y económica, mantiene capacidad de influencia sobre el mercado energético mundial.
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