El precio del petróleo vuelve a subir con fuerza. El Brent avanzó el miércoles por la mañana casi un 4%, hasta superar los 91 dólares por barril, mientras que el WTI se acercó a los 87 dólares.

El detonante inmediato es la nueva escalada entre Estados Unidos e Irán. Esta madrugada, el Ejército estadounidense atacó objetivos iraníes por undécima noche consecutiva. Con ello, la idea de una solución diplomática rápida vuelve a quedar cada vez más lejos.
Rubio no ve una voluntad real de paz
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó durante un encuentro en Filipinas que Washington está abierto a la vía diplomática, pero que, a su juicio, Irán no se toma en serio las negociaciones.
El estrecho de Ormuz sigue siendo el principal escollo. Según Rubio, Irán reclama el derecho a controlar esa vía marítima. Para Estados Unidos, eso es inaceptable, ya que el estrecho de Ormuz es una de las rutas más importantes del mundo para el petróleo y otras materias primas.
Si Irán llegara a hacerse realmente con ese control, se crearía, según Rubio, un precedente peligroso. Así, el mercado sigue atrapado en el mismo problema: mientras persista la incertidumbre sobre Ormuz, el precio del petróleo seguirá siendo vulnerable a cada nuevo ataque, amenaza o fracaso diplomático.
El petróleo por encima de 90 dólares supone un riesgo
Que el Brent cotice ya por encima de los 90 dólares es relevante para los mercados financieros. Los menores datos de IPC e IPP en Estados Unidos de la semana pasada dieron un respiro a los inversores. Con ello, una subida de tipos en julio pareció menos probable y las acciones, Bitcoin y los valores de semiconductores encontraron apoyo temporal.
Pero el encarecimiento del petróleo vuelve a poner en duda ese escenario. Si la energía se mantiene cara, la inflación podría repuntar más adelante. No solo en la gasolina y el diésel, sino también en los costes de transporte, los precios de producción, los alimentos y las expectativas de inflación.
La subida de tipos vuelve a estar sobre la mesa
Según Deutsche Bank, la probabilidad de una subida de tipos en julio volvió a aumentar hasta alrededor del 26%. Sigue por debajo del nivel previo al dato benigno de IPC, pero está claramente por encima del 10% que se descontaba poco después de conocerse esa cifra de inflación.
Para septiembre, el mercado ya asigna incluso una probabilidad de alrededor del 69% a al menos una subida de tipos. Ese es precisamente el problema para los activos de riesgo.
El mercado puede convivir con la tensión geopolítica siempre que no se traslade a la inflación y a las expectativas sobre los tipos de interés. Pero si el petróleo se acerca a los 95 dólares y los bancos centrales tienen que mantener de nuevo una postura dura, el escenario cambia. Entonces, el contexto macroeconómico se vuelve menos favorable.
No solo Irán
A ello se suma que los riesgos en el mercado del petróleo van más allá de Irán. ING señala que también están surgiendo problemas en el mar Negro. La terminal CPC, desde la que se embarca petróleo procedente de Kazajistán, ha suspendido la recepción de crudo tras ataques a petroleros.
Por esa terminal se cargaron en junio alrededor de 1,7 millones de barriles diarios. Si la interrupción se prolonga, Kazajistán podría verse obligado a reducir la producción. Así, el mercado del petróleo no solo afronta amenazas en torno a Ormuz, sino también perturbaciones concretas en otros puntos.
Consecuencias para la IA y la bolsa
Para la renta variable, este episodio llega en un momento inoportuno.
El mercado espera esta semana resultados trimestrales clave de compañías como Alphabet, Tesla e Intel. En tecnología e IA, en particular, el listón está alto. Los inversores quieren pruebas de que las enormes inversiones en centros de datos, semiconductores y software también generan rentabilidad.
Pero el alza del petróleo y el repunte de los tipos elevan todavía más ese listón.
La infraestructura de IA exige una inversión de capital extremadamente elevada. Si suben los costes de financiación, resulta más difícil justificar valoraciones altas. Sobre todo si, al mismo tiempo, los inversores se vuelven más exigentes sobre si el gasto en IA se traduce en beneficios con la suficiente rapidez.
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