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El crecimiento de los beneficios de las empresas industriales chinas se moderó en junio hasta su ritmo más bajo del año.

Según datos oficiales, los beneficios aumentaron un 15,1% interanual. La cifra sigue siendo elevada, pero quedó claramente por debajo del 21,1% registrado en mayo. El dato ofrece una lectura más matizada de la recuperación de la segunda mayor economía del mundo.

China se recupera, pero no de forma generalizada

El avance de los beneficios se apoya sobre todo en la tecnología, la electrónica, las materias primas y las exportaciones. La demanda interna sigue débil y varios sectores sufren presión por el aumento de los costes y unas ventas inferiores a lo esperado.

Esto hace que la recuperación china sea más frágil de lo que sugieren las cifras principales.

La industria china apenas registró crecimiento de beneficios el año pasado. En el conjunto de 2025, los beneficios industriales aumentaron solo un 0,6%. Este año, el panorama es mucho más favorable, con una subida del 18,7% en la primera mitad del ejercicio.

Sin embargo, según los economistas, esa recuperación no responde a un repunte sólido de la economía interna.

El principal apoyo llega del exterior. El auge mundial de la IA impulsa la demanda de electrónica, chips y componentes relacionados. Al mismo tiempo, la guerra en Irán ha contribuido a romper años de deflación en los precios de fábrica, al encarecer las materias primas y la energía.

Esto puede favorecer los beneficios, pero no constituye una receta sostenible.

Si el crecimiento de los beneficios se explica sobre todo por el aumento de los costes de producción, la demanda exterior y un sector tecnológico muy concentrado, la economía sigue dependiendo de factores externos.

La IA y las materias primas hacen el trabajo pesado

Según ANZ Research, cerca del 80% del crecimiento de los beneficios en la primera mitad del año procedió de la electrónica y las materias primas. Ahí está el núcleo del problema.

Sobre el papel, la economía china parece funcionar mejor, pero la mejora está muy concentrada. Los sectores que se benefician directamente de la inversión en IA y del alza de las materias primas avanzan con fuerza. Otras áreas de la industria tienen muchas más dificultades.

Los fabricantes de automóviles son un ejemplo claro. Los beneficios de la industria china del automóvil cayeron un 20% en la primera mitad del año. Ocurrió pese a que las exportaciones de vehículos superaron en junio por primera vez el millón de unidades.

China vende cada vez más coches al exterior, pero la rentabilidad del sector sigue bajo presión. Esto apunta a una competencia intensa, unas ventas internas débiles y, posiblemente, a presión sobre los márgenes por los recortes de precios.

Las exportaciones siguen siendo el motor

China continúa dependiendo en gran medida de las exportaciones para mantener en marcha su economía.

Es un riesgo relevante, especialmente ahora que Estados Unidos, bajo Donald Trump, vuelve a imponer aranceles a las importaciones y aumentan las tensiones comerciales con China, Europa, Canadá y otros socios.

Si el crecimiento de los beneficios chinos depende de las exportaciones, el país queda expuesto a nuevas barreras comerciales.

El Gobierno quiere reducir la dependencia de la economía respecto a la demanda exterior y apoyarla más en el consumo interno. Pero las cifras muestran que ese giro aún no se ha consolidado de forma convincente.

El consumidor sigue siendo prudente. El sector inmobiliario continúa débil. Y las empresas ajenas a la tecnología y las materias primas perciben que la demanda no termina de despegar.

¿Qué significa esto para los mercados?

Para los mercados financieros, es una nueva señal de que la economía mundial se apoya cada vez más en una base estrecha.

En Estados Unidos, la bolsa depende en gran medida de la IA. En Corea del Sur, Samsung y SK Hynix se benefician del ciclo de las memorias. Y en China, buena parte del crecimiento de los beneficios industriales procede de la electrónica, las materias primas y las exportaciones.

Esto convierte el ciclo de la IA en un factor decisivo. Mientras siga creciendo la demanda de chips, servidores, memorias y centros de datos, partes de Asia contarán con un fuerte viento de cola. Pero si los inversores empiezan a dudar de la rentabilidad de las inversiones en IA, ese mismo motor puede perder fuerza rápidamente.

A ello se suman los riesgos geopolíticos, el encarecimiento del petróleo, la subida de los aranceles y la posibilidad de tipos de interés más altos. No es una combinación especialmente cómoda.

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