Los inversores están preocupados sobre todo por las enormes cantidades que las tecnológicas están destinando a la inteligencia artificial. Pero, según Jim Cramer, el principal riesgo está en otro lugar. No en los cientos de miles de millones invertidos en centros de datos, chips e infraestructuras energéticas.

Para el presentador de Mad Money, el programa de CNBC, la IA corre sobre todo el riesgo de perder la batalla de la opinión pública.

Y eso, a la larga, también puede afectar a las cotizaciones bursátiles.

El relato sobre la IA se deteriora

Cramer observa una resistencia creciente a esta tecnología. La subida de los precios de la electricidad se vincula a los centros de datos, los trabajadores temen que la IA sustituya empleos y las comunidades locales se oponen cada vez más a la construcción de nuevas instalaciones.

Data Center Watch contabilizó solo entre abril y junio 45 proyectos en Estados Unidos, valorados en 68.000 millones de dólares, que sufrieron retrasos por la oposición local. Según Cramer, esto está dando forma a un relato peligroso.

La IA se percibe cada vez menos únicamente como una tecnología capaz de elevar la productividad y el crecimiento económico. El foco se está desplazando hacia la pérdida de empleo, el consumo energético y los riesgos.

Anthropic y OpenAI dan argumentos a sus críticos

Resulta llamativo que las propias empresas de IA estén alimentando esas críticas. Anthropic advirtió de forma extensa en su folleto de salida a Bolsa sobre los posibles riesgos de seguridad de una IA cada vez más potente. OpenAI también ha alertado públicamente de los riesgos de los modelos avanzados.

Cramer considera comprensible esa postura desde el punto de vista de la seguridad, pero advierte de que puede ser contraproducente en términos comerciales. Si las empresas de IA insisten constantemente en lo peligrosa que podría llegar a ser su tecnología, a sus detractores les resulta más fácil defender normas más estrictas o restricciones.

Por eso, según Cramer, las compañías deberían explicar mejor qué beneficios reales aporta la IA.

Las inversiones multimillonarias no son su mayor preocupación

Su análisis se aparta así del de buena parte de Wall Street. Goldman Sachs prevé alrededor de un billón de dólares en inversión mundial en IA este año. Al mismo tiempo, firmas como Apollo advierten de que una parte creciente de esas inversiones se financia con deuda y de que los inversores son cada vez más exigentes con la rentabilidad final.

Cramer, sin embargo, no ve ese enorme gasto como la principal amenaza. Al contrario, sigue considerando la IA una de las grandes historias de crecimiento en Bolsa.

La política puede añadir nuevas presiones

Cramer también apunta a las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para noviembre. En ellas estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes. A su juicio, un cambio en el equilibrio político podría derivar en más investigaciones del Congreso sobre las grandes empresas de IA y sus directivos.

Ese es su escenario, no un desenlace seguro.

Octubre será una prueba clave

A corto plazo, Cramer ve otro problema: el aumento de las rentabilidades de los bonos. La rentabilidad a 30 años alcanzó esta semana su nivel más alto desde 2002. Si los tipos siguen subiendo mientras empeora el sentimiento público hacia la IA, dos pilares importantes del rally quedarían bajo presión al mismo tiempo.

De ahí surge una conclusión llamativa. El ciclo de inversión en IA no tiene por qué descarrilar porque las empresas dejen de invertir. También puede torcerse si la sociedad simplemente pierde entusiasmo por el relato que debe justificar todas esas inversiones.

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