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La economía mundial es cada vez más grande, pero sobre todo sobre el papel. Esa es la idea central de un interesante artículo de opinión de Gillian Tett en el Financial Times. La autora recurre a la imagen del algodón de azúcar financiero para explicar cómo los mercados se alejan cada vez más de la economía real.

La metáfora puede parecer ligera, pero el mensaje es serio. El mundo genera cada vez más riqueza sobre el papel a través de acciones, bonos, precios inmobiliarios, préstamos y derivados. Mientras tanto, la economía productiva subyacente avanza a un ritmo mucho menor.

La riqueza sobre el papel crece más rápido que la economía

Según datos del McKinsey Global Institute, el balance mundial de activos, deuda y patrimonio ascendía en 2025 a unos 1.800 billones de dólares. Como referencia, el PIB mundial rondaba los 117 billones de dólares.

Dentro de ese balance había alrededor de 620 billones de dólares en activos reales, como inmuebles, infraestructuras, maquinaria y propiedad intelectual. Frente a ello figuraban unos 550 billones de dólares en activos financieros, como acciones, bonos, préstamos y efectivo.

Lo llamativo es que el patrimonio de los hogares en todo el mundo se ha más que cuadruplicado desde 2000. Es un aumento muy superior al crecimiento de la economía real. En otras palabras, las personas son mucho más ricas sobre el papel, pero no porque la economía se haya vuelto más productiva en la misma medida.

La bolsa impulsa el aumento del patrimonio

En el pasado, el crecimiento del patrimonio estaba impulsado sobre todo por la subida del precio de la vivienda. Ahora ese protagonismo se desplaza hacia los mercados bursátiles. Según McKinsey, en 2025 cerca del 57% del aumento patrimonial procedió del alza de las acciones, especialmente en Estados Unidos. Los activos reales ya solo aportaban alrededor del 20%.

Esto hace que el sistema sea más vulnerable. La riqueza de los hogares depende cada vez más de los mercados financieros. Y dentro de esos mercados, la IA ya desempeña un papel relevante. Si el mercado alcista ligado a la IA continúa, los inversores se sienten más ricos. Pero si ese mercado corrige, el efecto riqueza también puede afectar al consumo, la confianza y la inversión.

Estados Unidos depende de las valoraciones financieras

En el caso de Estados Unidos, la fotografía resulta especialmente llamativa. Los precios de los activos estadounidenses equivalen ya a unas 3,7 veces el PIB. Es aproximadamente el doble de su media histórica. Eso no implica necesariamente que exista una burbuja.

Estados Unidos cuenta con empresas sólidas, mercados de capitales profundos y una posición dominante en tecnología e IA. Si la IA acaba generando realmente un salto de productividad, las elevadas valoraciones podrían quedar parcialmente justificadas a posteriori.

Pero para ello la IA debe traducirse en resultados económicos. No basta con que impulse las cotizaciones bursátiles y aumente los patrimonios: también debe elevar la productividad, los beneficios, los flujos de caja y el crecimiento real.

La vulnerabilidad se ha desplazado

Desde 2008, la deuda de los hogares se ha reducido en términos relativos, sobre todo en Estados Unidos. Es una señal positiva. Pero la vulnerabilidad no ha desaparecido. La deuda pública, en cambio, ha aumentado con fuerza en Estados Unidos, Japón y Europa. En China, el mayor repunte se ha producido en la deuda empresarial.

Esto hace que la economía mundial sea sensible a una subida de los tipos de interés. Si los tipos a largo plazo siguen aumentando, la deuda se encarece y las valoraciones bursátiles quedan bajo presión. Más aún en un mundo en el que tanta riqueza depende de las cotizaciones.

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