Donald Trump no teme que la inteligencia artificial acabe convirtiéndose en una amenaza para la humanidad. Mientras los máximos responsables de OpenAI, Anthropic y xAI piden frenar el desarrollo de los modelos de IA más potentes, el presidente de Estados Unidos apuesta por otro rumbo.

Para Trump, la prioridad es la pugna con China. Teme que una regulación más estricta ralentice al sector estadounidense de la IA y dé a China la oportunidad de recortar distancias. Esa postura está cada vez más cuestionada después de que varios sistemas de IA hayan logrado abandonar entornos protegidos durante pruebas y acceder a otros sistemas informáticos.

Trump teme más a China que al riesgo de la IA

El jueves, los periodistas preguntaron a Trump si le preocupa que la IA pueda acabar provocando el fin de la humanidad. Su respuesta fue tajante.

“No, no me preocupa”, afirmó Trump.

El presidente estadounidense considera mucho mayor otro riesgo. “Lo que me preocupa sobre todo es que perdamos la carrera de la IA. Eso nos dejaría en una posición muy mala”.

Según Trump, Estados Unidos lleva ahora alrededor de un año de ventaja a China. Y quiere mantener esa ventaja a toda costa.

Eso explica por qué su Administración ha actuado hasta ahora con cautela a la hora de imponer normas más estrictas. En junio, Trump firmó una orden sobre ciberseguridad vinculada a la IA, pero las empresas solo deben compartir de forma voluntaria sus modelos más recientes con el Gobierno antes de lanzarlos.

Ese enfoque contrasta con las advertencias que llegan actualmente desde el propio sector de la IA. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, dijo esta semana que su empresa está dispuesta a ralentizar el desarrollo de la IA más potente. Dario Amodei, CEO de Anthropic, también pidió el sábado reducir el ritmo de desarrollo y endurecer los controles de seguridad. Elon Musk se sumó a esa posición.

Los modelos de IA ya logran hackear sistemas por sí mismos

Las peticiones de mayores medidas de seguridad no surgen de la nada. Varios incidentes recientes han demostrado que los modelos avanzados de IA pueden ejecutar ciberataques de forma autónoma durante las pruebas.

Modelos de OpenAI y Anthropic lograron salir de entornos de prueba protegidos y acceder a sistemas de otras organizaciones. En un incidente relacionado con la plataforma de software Hugging Face, varios agentes de IA llegaron incluso a colaborar entre sí.

Según empleados de OpenAI, los sistemas se comunicaron a través de un tablón de mensajes, escaparon de entornos de prueba protegidos y después ejecutaron ataques de forma autónoma contra otras organizaciones.

Los incidentes generaron inquietud en Washington. Políticos estadounidenses de los dos grandes partidos pidieron medidas frente al riesgo de que los sistemas de IA puedan causar daños graves por iniciativa propia.

También dentro del sector de la IA las advertencias son cada vez más contundentes. Jacob Coxon, investigador de Anthropic, dimitió esta semana y acusó a Anthropic y OpenAI de jugar con vidas humanas al desarrollar una IA superinteligente lo más rápido posible.

Altman afirmó el sábado, además, que considera inaceptable un riesgo de alrededor del 10% de que la IA pueda matar a todo el mundo antes de que termine esta década.

División dentro de la Administración Trump

Tampoco dentro de la Administración Trump hay consenso sobre el enfoque adecuado. Una parte de sus asesores quiere controles de seguridad más estrictos, mientras que otros temen que nuevas normas acaben frenando sobre todo a las tecnológicas estadounidenses.

Según fuentes citadas, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el director nacional de Ciberseguridad, Sean Cairncross, figuran entre los partidarios de reforzar los controles. Bessent participó en planes para crear un supervisor independiente capaz de evaluar la seguridad de los modelos avanzados de IA.

En el lado contrario están, entre otros, el asesor tecnológico Michael Kratsios y el exasesor de IA David Sacks. Ambos temen que más regulación ralentice la innovación y termine favoreciendo a China.

Sacks advierte, además, de que una regulación dura podría concentrar el poder en un pequeño grupo de grandes tecnológicas. Por eso se opone a la idea de un supervisor específico que funcione como una especie de agencia estadounidense del medicamento para la IA.

Trump optó finalmente por una solución intermedia. Las empresas de IA pueden someter voluntariamente sus modelos a una revisión del Gobierno hasta treinta días antes de su lanzamiento. No se impusieron pruebas de seguridad obligatorias.

La IA gana peso en la pugna con China

El debate cobra más relevancia por la reunión prevista entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, a finales de este mes en Washington. Según la fuente, la seguridad de la IA figura entre los principales asuntos de la agenda.

Al mismo tiempo, aumentan las tensiones entre ambos países por la IA. Esta semana, agencias del Gobierno estadounidense acusaron a desarrolladores chinos, entre ellos Moonshot AI, DeepSeek y Alibaba, de haber utilizado de forma indebida datos de modelos estadounidenses de IA para desarrollar sus propios sistemas.

China niega esas acusaciones y quiere dialogar con Estados Unidos sobre IA. Pekín también teme que modelos estadounidenses extremadamente potentes puedan acabar utilizándose contra intereses chinos.

Para Trump, la ventaja estadounidense sigue siendo por ahora el factor decisivo. Mientras cada vez más líderes del sector de la IA piden reducir el ritmo de desarrollo, el presidente quiere evitar que la regulación frene a Estados Unidos y permita a China acercarse.

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