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Donald Trump ha abierto un nuevo frente comercial. El Gobierno estadounidense anunció el viernes nuevos aranceles a la importación para 60 socios comerciales, entre ellos la Unión Europea, China, Reino Unido y Canadá. Las tasas sustituyen a los aranceles básicos temporales del 10% que expiraron el 24 de julio y se sitúan ahora entre el 10% y el 12,5%.

Ese dato ya es relevante por sí solo. Pero el verdadero problema está en el momento elegido.

Esta nueva ronda de gravámenes no llega a un mercado tranquilo. La economía mundial ya lidia con una guerra entre Estados Unidos e Irán, un precio del petróleo que recientemente superó los 100 dólares por barril, temores persistentes sobre la inflación y dudas crecientes en torno a las enormes inversiones en IA de las grandes tecnológicas.

Por eso, los nuevos aranceles son mucho más peligrosos de lo que parecen a primera vista.

No es un shock, pero sí una amenaza estructural

La primera reacción del mercado el viernes fue relativamente contenida. Contrasta con los aranceles del “Día de la Liberación” de abril de 2025, que entonces provocaron una fuerte sacudida en los mercados financieros. Esta vez, los inversores habían anticipado en parte la medida, ya que los aranceles temporales estaban a punto de expirar.

Aun así, eso no significa que el impacto vaya a ser limitado.

Según los analistas, esta ronda arancelaria resulta especialmente peligrosa porque apunta a un cambio estructural en la política económica de Estados Unidos. Los aranceles ya no son solo un instrumento de negociación, sino que pueden convertirse en un elemento permanente de la estrategia de crecimiento estadounidense.

Esto es importante para los inversores. Si los aranceles a la importación se mantienen de forma permanente en niveles más altos, implicará mayores costes, márgenes más estrechos, más incertidumbre en las cadenas de suministro y presión sobre el comercio mundial; es decir, menos crecimiento y más riesgo de inflación.

Aranceles sobre una crisis energética

El contexto económico es esta vez mucho más débil que el del año pasado. La guerra entre Estados Unidos e Irán se prolonga ya desde hace meses. El precio del petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares y las esperanzas de una solución diplomática rápida se han reducido.

A ello se suman ahora nuevos aranceles a la importación. Es una combinación complicada. El encarecimiento del petróleo puede alimentar la inflación a través de la energía, el transporte y los costes de producción. Los aranceles añaden más presión, porque encarecen los bienes importados.

Para los bancos centrales, la situación es incómoda. Cuando el crecimiento se enfría, lo habitual sería bajar los tipos de interés. Pero si la inflación vuelve a repuntar por el petróleo y los aranceles, ese margen se reduce. Así aumenta el riesgo de un escenario parecido a la estanflación: menor crecimiento, pero una presión inflacionista todavía elevada.

La Reserva Federal lo tiene cada vez más difícil

Por eso, el momento es clave de cara a la decisión sobre tipos de la Reserva Federal. Los inversores contaban antes con una pausa más prolongada de la Fed y posibles recortes de tipos en 2027. Pero la reciente subida del petróleo y los nuevos aranceles vuelven a poner sobre la mesa la posibilidad de que la Fed tenga que subirlos más adelante este año.

Eso hace que la trayectoria de los tipos sea menos previsible. El mercado no tiene por qué descontar de inmediato una subida de tipos. Pero mientras la Fed mantenga abierta esa opción, los activos de riesgo seguirán bajo presión.

Para la renta variable, es una mala noticia. También para Bitcoin (BTC). Y quizá más aún para el ecosistema de la IA.

El mercado alcista de la IA afronta más obstáculos

Los nuevos aranceles llegan en un momento en el que los inversores ya observan con más cautela el enorme gasto en IA de los gigantes tecnológicos estadounidenses. Alphabet decepcionó recientemente al mercado, no porque la IA haya perdido relevancia, sino porque las inversiones de capital siguen aumentando mientras los inversores quieren ver más pruebas de rentabilidad, márgenes y flujo de caja libre.

Así, el mercado se encuentra en una fase delicada. Por un lado, las empresas deben seguir invirtiendo en IA para no perder posición. Por otro, esas inversiones son más difíciles de justificar si los tipos de interés se mantienen altos, los márgenes se estrechan y el crecimiento económico se desacelera.

Los aranceles pueden agravar ese problema. Encarecen los equipos, los componentes y las cadenas internacionales de suministro. Esto afecta de lleno a un sector que depende de chips, centros de datos, infraestructura energética y capacidad de producción global.

El mercado alcista de la IA puede resistir mucho. Pero la combinación de petróleo más caro, tipos más altos y mayores costes comerciales hace que el relato sea más vulnerable.

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