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Los mercados financieros se mueven entre dos relatos completamente distintos. Por un lado, vuelve el nerviosismo en torno al petróleo, Irán y el estrecho de Ormuz. Por otro, la maquinaria de la IA sigue avanzando, con Nvidia y Meta tratando de marcar la siguiente fase del sector.

Eso complica la lectura del mercado. El frente macroeconómico advierte de una inflación más elevada y, posiblemente, de tipos de interés más altos. El tecnológico, en cambio, habla de crecimiento, flujos de capital y nuevos modelos de negocio.

Vuelve el temor al petróleo

La principal fuente de tensión vuelve a ser el petróleo. La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos ha caído hasta 298,7 millones de barriles, su nivel más bajo desde 1983. Esto deja al país en una posición más vulnerable justo cuando la guerra con Irán presiona los inventarios mundiales de crudo.

El Brent subió el lunes alrededor de un 5%, hasta situarse cerca de los 87 dólares por barril. Un petróleo más caro puede volver a elevar las expectativas de inflación. Eso reduciría el margen de la Reserva Federal para mantener una postura prudente, especialmente si los próximos datos de inflación decepcionan.

El precio del petróleo Brent vuelve a acercarse a los 87 dólares por barril.
El precio del petróleo Brent vuelve a acercarse a los 87 dólares por barril. Fuente: TradingView

Mientras tanto, Trump se muestra menos convencido de que pueda alcanzarse pronto un acuerdo con Irán. Después de haber hablado con optimismo sobre las negociaciones, ahora afirma que Washington negocia de forma limitada y, sobre todo, espera a que aumente la presión económica sobre Teherán.

Para los mercados, no es una estrategia cómoda. Esperar a que Irán sufra más presión económica implica también convivir con la incertidumbre en los precios de la energía.

La IA sigue mirando hacia delante

Al mismo tiempo, el sector de la IA mantiene el acelerador pisado. Nvidia trabaja con seis gestoras de activos en un plan para convertir los chips de IA y los centros de datos en una nueva clase de activo financiero. El objetivo es movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital externo para hiperescaladores, laboratorios de IA y empresas que necesitan hardware de Nvidia.

Es una maniobra inteligente. Al recurrir al crédito institucional, al dinero de aseguradoras y al capital privado, los clientes de Nvidia pueden financiar su infraestructura de IA sin cargar por completo sus propios balances.

Con ello, Nvidia no solo se consolida como una empresa de chips, sino también como una especie de arquitecto del mercado de financiación de la IA. Meta, por su parte, ha elegido otra vía. Mark Zuckerberg quiere abrir modelos de IA potentes al público y a los desarrolladores. Con esta estrategia, Meta aumenta la presión sobre competidores cerrados como OpenAI y Anthropic.

Evolución de la cotización de Nvidia y Meta durante el último año.
Evolución de la cotización de Nvidia y Meta durante el último año. Fuente: TradingView

El núcleo de la tensión

El mercado debe decidir ahora qué relato pesa más. Si el petróleo sigue subiendo, el optimismo en torno a la IA será más vulnerable. Unos precios energéticos más altos pueden alimentar la inflación, mantener elevados los tipos de interés y presionar las valoraciones. Esto afecta especialmente a las acciones de crecimiento, donde buena parte de los beneficios futuros ya está incorporada en el precio.

Pero si la inversión en IA sigue acelerándose, la tecnología puede continuar sosteniendo al mercado. Nvidia intenta ampliar las vías de financiación de la infraestructura de IA. Meta busca hacer la IA más accesible. Ambos movimientos refuerzan la idea de que la IA no es una moda pasajera, sino un ciclo de inversión que puede prolongarse durante años.

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