Europa afronta una sequía excepcional que ya va mucho más allá del medio natural y la agricultura. Los niveles extremadamente bajos de ríos como el Rin y el Danubio están aumentando la presión sobre el suministro energético, la industria y la navegación interior.
Las consecuencias son ya tan graves que algunos países han recurrido a medidas extraordinarias. Rumanía, por ejemplo, desplegó a la marina para realizar explosiones submarinas en el Danubio, con el objetivo de dirigir más agua hacia los sistemas de refrigeración de la central nuclear de Cernavodă.
La medida refleja hasta qué punto se ha deteriorado la situación.
Centrales nucleares e hidroeléctricas, bajo presión
Los ríos son mucho más que vías de transporte. Suministran agua de refrigeración a las centrales nucleares, agua para las plantas hidroeléctricas y capacidad logística para la industria y la agricultura. Cuando el nivel del agua cae demasiado, el impacto sobre el suministro energético es inmediato.
Rumanía tuvo que detener temporalmente su único reactor nuclear en funcionamiento refrigerado por el Danubio. También se vio bajo presión la central nuclear húngara de Paks, que genera alrededor del 40% de la electricidad del país.
En Serbia fue necesario reducir la producción hidroeléctrica. Esto significa que algunos países podrían verse obligados a importar electricidad más cara o a recurrir a otras fuentes de energía. En un contexto en el que los precios energéticos ya son sensibles por las tensiones geopolíticas, no se trata de un problema menor.
El Rin golpea a la economía alemana
Para Alemania, el Rin es especialmente importante. El río es una ruta comercial clave a través del corazón económico de Europa. Por el Rin se transportan, entre otros productos, materias primas, productos químicos, combustibles y bienes industriales.
En Kaub, un punto crítico para los barcos que se dirigen al sur de Alemania y a Suiza, el nivel del agua cayó hasta los 24 centímetros, según Bloomberg. Es el nivel más bajo desde que comenzaron los registros en 1880.
Por debajo del umbral crítico de 78 centímetros, los barcos aún pueden navegar, pero con cargas mucho menores. Como resultado, los costes de transporte y los recargos por bajo nivel de agua aumentan con fuerza.

Según el economista Stefan Kooths, del Instituto de Kiel, el bajo nivel del agua podría restar hasta 0,2 puntos porcentuales al crecimiento alemán en el tercer trimestre. La pérdida de valor añadido se estima entre 1.000 y 2.000 millones de euros.
La sequía alimenta el riesgo de inflación
El impacto económico va más allá de Alemania. Si los ríos se vuelven menos fiables, aumentan los costes de transporte. Si las centrales energéticas pueden operar menos, suben los costes de la energía. Si los agricultores no pueden transportar sus cosechas, las cadenas alimentarias se ven alteradas.
Esto convierte la sequía también en un factor inflacionista. Las empresas pueden recurrir en parte al ferrocarril o al transporte por carretera, pero son opciones más caras y menos eficientes. Esto añade presión sobre los márgenes y los precios al consumidor.
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