Unos días después de la primera subida de tipos de la Reserva Federal (Fed) en más de tres años, la temida inestabilidad en los mercados financieros no parece haberse materializado. Los inversores, de hecho, parecen haber recibido con confianza la decisión del banco central estadounidense de seguir combatiendo una inflación persistente.
La Fed elevó esta semana el tipo de referencia en 0,25 puntos porcentuales, hasta una horquilla de entre el 3,75% y el 4%. Desde entonces, tanto el mercado estadounidense de bonos como el dólar han mostrado fortaleza. Según Erik Schmahl, estratega sénior de inversión, esa reacción refleja la confianza de los inversores en la actuación de la Fed.
La atención se desplaza ahora a los próximos pasos. Una nueva subida de tipos antes de que termine el año sigue siendo posible. La cuestión principal es durante cuánto tiempo las acciones y otros activos de riesgo podrán resistir unos costes de financiación más elevados.
La Fed opta por subir los tipos pese a Trump
La subida de tipos no llegó por sorpresa. Según la Fed, la economía estadounidense sigue creciendo a un ritmo sólido. Los consumidores continúan gastando, las empresas invierten y el mercado laboral también se mantiene resistente.
Al mismo tiempo, la inflación sigue siendo demasiado alta. A ello se suma que la guerra en Oriente Medio ha encarecido la energía. Unos precios energéticos más elevados pueden hacer que la inflación permanezca durante más tiempo por encima del objetivo del 2%.
Por ello, la Fed considera que tiene margen para subir los tipos sin frenar de forma abrupta la economía. Los doce miembros con derecho a voto del comité de política monetaria respaldaron la decisión.
El movimiento también resulta significativo desde el punto de vista político. El presidente Donald Trump ha insistido en varias ocasiones en la necesidad de abaratar el crédito. Además, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, fue nombrado por Trump. Aun así, el comité de política monetaria optó de forma unánime por unos tipos más altos.
Para los inversores, lo más relevante es qué ocurrirá a partir de ahora. No se descarta una nueva subida antes de que termine el año. La evolución de la inflación seguirá, por tanto, marcando los próximos pasos del banco central.
El mercado de bonos muestra confianza en la economía estadounidense
Para los inversores, resulta especialmente relevante la reacción del mercado de deuda. Antes de la decisión, existía el temor de que unos tipos más altos volvieran a provocar tensiones. De momento, parece estar ocurriendo lo contrario.
La rentabilidad del bono estadounidense a dos años se situaba justo antes de la decisión sobre los tipos en el 4,74%. La del bono a diez años rondaba el umbral psicológicamente relevante del 5%.
Según Erik Schmahl, estratega sénior de inversión, esta evolución indica que los inversores encuentran respaldo en la actuación de la Fed. A su juicio, la subida de tipos demuestra que el banco central está dispuesto a intervenir cuando la inflación lo exige.
El dólar también se benefició de esa confianza, según Schmahl. Para los inversores, esto reduce un riesgo importante. Las dudas sobre la voluntad de la Fed de devolver realmente la inflación hacia el 2% podrían traducirse en primas de riesgo más elevadas en la deuda pública estadounidense.
Unos tipos más altos no tienen por qué golpear de inmediato a la bolsa
Una subida de tipos suele considerarse una mala noticia para las acciones y otros activos de riesgo. Endeudarse resulta más caro y los bonos seguros ganan atractivo. Sin embargo, según Schmahl, esta vez no tiene por qué traducirse automáticamente en grandes problemas.
El aumento de las rentabilidades no responde a una falta de compradores de deuda pública estadounidense. Según el estratega, la demanda de bonos sigue siendo elevada y los bancos continúan dispuestos a financiar a las empresas.
Los tipos más altos reflejan sobre todo una economía que mantiene un crecimiento sólido. Además, existe una fuerte demanda de capital para inversiones en inteligencia artificial. Según Schmahl, las empresas cuentan en general con balances saneados, lo que les permite asumir por ahora unos costes de financiación más elevados.
Con todo, los inversores seguirán muy pendientes de los próximos pasos de la Fed. Una serie de nuevas subidas de tipos podría endurecer aún más las condiciones para las acciones y otros activos de riesgo. Por el momento, sin embargo, Schmahl no ve motivos claros para ello, ya que considera que las presiones inflacionistas subyacentes siguen bajo control.
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