Un gran escándalo bancario sacude la política brasileña. Banco Master quebró en noviembre de 2025 tras atraer a cientos de miles de ahorradores con rentabilidades excepcionalmente altas. El daño ya asciende a miles de millones y el caso no solo golpea al sector financiero, sino también al Tribunal Supremo y a las elecciones presidenciales.

Más de 700.000 clientes se han visto afectados por la caída de la entidad. El sistema brasileño de garantía de depósitos habría desembolsado ya unos 40.200 millones de reales a 722.000 clientes vinculados a Banco Master.

Por eso, no se trata simplemente de la quiebra de un banco. Es una crisis de confianza.

Demasiado bueno para ser verdad

Banco Master creció con rapidez ofreciendo los llamados CDB, con rentabilidades de hasta el 140% del índice de referencia brasileño CDI. Para los ahorradores, la propuesta parecía atractiva.

Pero rentabilidades tan elevadas suelen implicar que en algún punto se está asumiendo un riesgo adicional.

Según el banco central de Brasil, Banco Master terminó afrontando una grave crisis de liquidez y serias infracciones. La entidad utilizó financiación captada a alto coste para crecer con rapidez, mientras su balance estaba compuesto por activos complejos y difíciles de vender. Cuando desapareció la confianza, el modelo se vino abajo.

El escándalo llega al Tribunal Supremo

El caso también se ha convertido en una bomba política por los vínculos entre el propietario, Daniel Vorcaro, y el juez Alexandre de Moraes, del Tribunal Supremo de Brasil.

Según información policial hecha pública, Vorcaro mantuvo contacto con Moraes poco antes de su detención. Además, el despacho de abogados de la esposa de Moraes tenía un contrato de 130 millones de reales con Banco Master.

Moraes niega haber actuado de forma indebida. Pero el Tribunal Supremo debe decidir ahora si abre una investigación sobre él. Es un asunto especialmente delicado, porque el tribunal tendría que examinar, en la práctica, a uno de sus miembros más poderosos.

Un arma electoral

El escándalo también ha entrado de lleno en la campaña electoral. El senador Flávio Bolsonaro reclama la salida de Moraes e intenta vincular políticamente al presidente Lula da Silva con el caso.

Al mismo tiempo, el propio Bolsonaro también está bajo escrutinio por las dudas sobre la financiación de una película sobre su padre. Él niega haber cometido irregularidades. Así, el caso salpica a los dos bloques políticos.

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