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La esperanza de una rápida desescalada entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a sufrir un duro revés. Las tropas estadounidenses lanzaron el miércoles por la noche una intensa oleada de ataques contra decenas de objetivos iraníes. Según el Comando Central de Estados Unidos, fue una respuesta al ataque con misiles iraní contra fuerzas estadounidenses en Oriente Medio a comienzos de esta semana.

Con ello termina la breve pausa en los combates. Por ahora, esto no apunta a una bajada de las rentabilidades de la deuda, sino más bien a lo contrario. Y unos tipos más altos son un lastre para las bolsas, Bitcoin (BTC) y el oro.

Irán vuelve a atacar

Según Centcom, unidades de la Guardia Revolucionaria iraní lanzaron el martes varios misiles balísticos contra tropas estadounidenses en la región del Golfo. Todos los misiles habrían sido interceptados. Jordania también informó de que derribó cinco misiles iraníes.

Irán rompió así el patrón en el que, hasta ahora, respondía sobre todo a ataques estadounidenses. Según analistas de seguridad, esto indica que Teherán está dispuesto a adoptar de nuevo una postura más agresiva y podría estar alejándose aún más de la vía diplomática.

La respuesta estadounidense no tardó en llegar. Según Centcom, Estados Unidos atacó centros de mando militar, instalaciones de misiles y drones, defensas costeras, posiciones de vigilancia y capacidades marítimas de la Guardia Revolucionaria.

El precio del petróleo se dispara

El mercado reaccionó sobre todo a través del petróleo. El tono amenazante de Trump y la reanudación de los ataques estadounidenses llevaron el jueves el precio del Brent de nuevo hasta casi 93 dólares por barril. No son precisamente las señales que querría ver una bolsa que ya se ha visto sometida a presión en las últimas semanas.

En los últimos días, los mercados habían encontrado algo de alivio gracias a la caída del petróleo tras la pausa temporal en los combates. Eso ayudó a las acciones y presionó ligeramente a la baja las rentabilidades.

Pero esa distensión se revela frágil. En cuanto la guerra vuelve a intensificarse, la prima de riesgo regresa al precio del petróleo. Con ello también aumenta de nuevo la presión inflacionista. Para los bancos centrales, esto supone un problema. Un petróleo más caro dificulta mantener una postura acomodaticia, especialmente en un momento en que el mercado ya descuenta nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal.

Así, a la Reserva Federal le resultará difícil no subir los tipos en septiembre. Por otro lado, el aumento de las rentabilidades, como el que estamos viendo ahora, también podría asumir ya parte del trabajo del banco central.

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