Irán ha vuelto a poner sobre la mesa su principal baza de presión: el estrecho de Ormuz. Tras una semana de ataques crecientes contra Estados Unidos y sus aliados, Teherán afirma que esta ruta energética clave seguirá cerrada hasta que cese la injerencia estadounidense en la región.
Con ello, Irán asume un riesgo enorme. Por el estrecho de Ormuz transita alrededor de una quinta parte de los flujos mundiales de petróleo y gas natural licuado. Si la ruta permanece cerrada durante un periodo prolongado, el precio del crudo podría dispararse y volver a presionar a la economía mundial.

Ormuz como arma de presión
Según el Financial Times, Teherán considera el control de Ormuz su carta negociadora más fuerte. Irán quiere impedir que Estados Unidos organice el tránsito por rutas próximas a Omán, donde los aviones estadounidenses pueden proteger mejor a los buques.
Irán, en cambio, quiere que los barcos naveguen más cerca de su costa. Allí, Teherán puede supervisar el tráfico, ejercer presión y mantener su dominio sobre el estrecho. Ese pulso por la ruta está en el origen de la nueva escalada.
Según el acuerdo provisional del 17 de junio, Irán debía permitir el paso gradual de los buques y sin costes adicionales. A cambio, Estados Unidos levantó el bloqueo de los puertos iraníes. Irán también debía retirar minas para que la navegación pudiera volver a niveles cercanos a la normalidad en torno al 17 de julio. Ese proceso se encuentra ahora bloqueado.
Trump quiere mantener el flujo de petróleo
Para Trump, la libre navegación por Ormuz es crucial. Quiere evitar que los precios del petróleo vuelvan a dispararse de cara a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Por eso, Washington intenta presionar a Irán para que abra por completo el estrecho y se comprometa públicamente a no atacar más buques.
Pero Irán se niega a renunciar sin más a su influencia. Tras un ataque contra un carguero, Estados Unidos volvió a lanzar ofensivas a gran escala contra objetivos iraníes. Irán respondió con misiles y drones contra aliados estadounidenses en el Golfo, entre ellos Catar, Omán, Baréin, Kuwait y Jordania.
Así, el alto el fuego sigue existiendo formalmente, pero en la práctica la región vuelve a deslizarse hacia la guerra.
Un cálculo peligroso
La estrategia iraní parece basarse en la idea de que Trump quiere evitar riesgos. Teherán apuesta por que acabe cediendo para prevenir una crisis energética y un coste político interno. Pero es una apuesta peligrosa.
Si Irán va demasiado lejos, Trump podría optar precisamente por endurecer su respuesta. Más aún porque en Estados Unidos afronta presiones de varias figuras influyentes, que ya consideraban demasiado débil el acuerdo provisional con Irán. A ello se suma que el propio Irán ha cambiado. Tras dos guerras con Estados Unidos e Israel en un solo año, el régimen parece menos cauteloso y más dispuesto a asumir riesgos.
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