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SpaceX sufrió el miércoles un duro castigo en bolsa. Aunque la compañía superó prácticamente todas las previsiones de los analistas, sus acciones cayeron cerca de un 12% en la negociación posterior al cierre. A los inversores les preocupó sobre todo el fuerte aumento de las inversiones en inteligencia artificial (IA).

La caída encaja en una tendencia más amplia en Wall Street. Las empresas de IA ya no se valoran solo por su fuerte crecimiento de ingresos, sino, sobre todo, por si las inversiones multimillonarias acabarán generando una rentabilidad suficiente.

Las inversiones en IA eclipsan unos sólidos resultados

Sobre el papel, SpaceX cerró un trimestre excelente. Los ingresos ascendieron a 7.810 millones de dólares, muy por encima de los 6.930 millones previstos. También las distintas áreas de negocio rindieron mejor de lo esperado.

La división aeroespacial registró unos ingresos de 962 millones de dólares, frente a los 835 millones que esperaban los analistas. El negocio de internet, donde se integra Starlink, alcanzó los 4.290 millones de dólares, y la división de IA también superó las previsiones, con unos ingresos de 2.560 millones.

Además, las pérdidas fueron menores de lo previsto. SpaceX comunicó una pérdida de 9 centavos por acción, sensiblemente mejor que los 26 centavos que descontaba Wall Street.

Sin embargo, los inversores se fijaron en otra cifra: el gasto de capital. SpaceX invirtió en el último trimestre más de 18.000 millones de dólares, muy por encima de los aproximadamente 13.200 millones que esperaban los analistas. Buena parte de ese dinero se destinó a seguir ampliando la infraestructura de IA.

Wall Street exige más pruebas de que la IA es rentable

Precisamente ese elevado nivel de inversión está haciendo que los inversores sean cada vez más prudentes. Las grandes tecnológicas destinan decenas de miles de millones de dólares a centros de datos de IA, chips y capacidad de cálculo, mientras sigue sin estar claro qué beneficios generarán finalmente esas inversiones.

Ese debate también afecta a SpaceX. Una parte importante de los ingresos de IA procede de acuerdos por los que alquila capacidad de cálculo a empresas como Anthropic, rival de OpenAI, y Google. Esos contratos podrían aportar con el tiempo miles de millones de dólares en ingresos adicionales.

Al mismo tiempo, algunos analistas ven ahí una debilidad. Si una gran parte de la capacidad se alquila a solo unos pocos clientes, surgen dudas sobre la verdadera amplitud de la demanda de potencia de cálculo para IA.

La valoración sigue en el centro del debate

Desde su salida a bolsa, SpaceX se ha convertido en uno de los valores más comentados de Wall Street. Los optimistas apuntan al enorme potencial de crecimiento de Starlink, la IA y el negocio aeroespacial, y creen que la compañía puede acabar convirtiéndose en una de las empresas más valiosas del mundo.

Los críticos, en cambio, señalan su elevada valoración en relación con los ingresos y beneficios actuales. La estructura de la salida a bolsa también está bajo la lupa. La cantidad relativamente limitada de acciones de libre negociación y la próxima liberación de títulos en manos de accionistas existentes podrían mantener la cotización especialmente volátil en las próximas semanas.

Por ahora, Wall Street parece estar enviando un mensaje claro: unos buenos resultados trimestrales ya no bastan. Los inversores quieren ver, ante todo, que las inversiones multimillonarias en IA se traducen en los próximos años en un modelo de negocio sostenible.

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